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ÁNGEL GONZÁLEZ. TRABAJADOR
León

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Día sí día también, los diarios escritos nos acribillan con malas noticias: nuestra prima de riesgo sube, tal o cual agencia de calificación nos amenaza con bajarnos la valoración, el paro sube, las prestaciones a los más desfavorecidos bajan, etc. Y uno piensa , sin pretender excusar a nuestros gobernantes, que esas agencias fueron las que permitieron, por pasiva o más bien por activa, circular bonos basura norteamericanos por todo el mundo como si fuesen bocata de cardinale; vamos que nos dieron gato por liebre y que gracias a ellos acabamos todos en esta gran crisis de capital que acabarán pagando las clase más bajas. Paradojas del destino.

Vistos los antecedentes no puedo dejar de dudar de su imparcialidad, que escaldados nos han dejado y ya sabemos como se las gastan cuando grandes intereses andan por medio. Pero bueno, aquí no pretendo hablar de esos escualos que cada vez que abren la boca ocasionan un perjuicio o un pingüe beneficio según se mire, y me callo a pesar de sobrar temas y motivos. Tampoco de nuestros financieros (léanse banqueros, responsables de cajas de ahorro y asimilables) aunque no se enterasen de nada y siguieran dando créditos hipotecarios por el 100% del valor escriturado o incluso por encima de éste cuando era de dominio público que el mercado inmobiliario estaba sobrevalorado en un 25 ó 30% y nos lo dijeran representantes de organismos internacionales o el sentido común (a los titulares de la prensa del momento me remito) Parece ser que la codicia fue su única consejera. Ni de nuestros políticos, los de antes y los de ahora; unos por implementar un modelo productivo importado e insostenible pero muy lucrativo a corto plazo y otros por seguir ordeñando la misma vaca sin pensar que esa leche empezaba a estar agria. Finalmente se nos murió la vaca y no tuvimos recursos suficientes para darle cristiana sepultura. Hoy sufrimos los hedores y pestilencias de su cadáver en carnes propias. Eso sí, una minoría hizo grandes fortunas y una parte importante de la población, importante por su elevado número, quedó hipotecada de por vida. Y hoy se rasgan las vestiduras nuestros próceres parlamentarios porque el consumo privado no se activa. Pero si les han dejado las bolsas y faltriqueras llenas de deudas.

Así asistimos diariamente al lamentable guiñol político donde el gobierno de turno se ve obligado por los «mercados» y la necesidad de capital a hacer recortes varios y donde la oposición, poniendo el interés del partido por encima del patrio, sólo se preocupa de la baza electoral y del rédito que de la situación pueda sacar. Lamentable postura pero parece que rentable si hacemos casos a las estadísticas. Así dice la lengua popular de estos especuladores políticos que son como la gata de Flora que si se la meten grita y si se la sacan llora. La hipocresía elevada al arte de la propaganda, el engaño y la manipulación de masas. Ya lo decía el ministro de propaganda nazi: una mentira muy repetida se convierte en una verdad.

Aquí quería hacer una reflexione con respecto a la tan traída y llevada «prima de riesgo»que nos aligera el bolsillo y nos complica la vida como si de una maldición bíblica se tratara. Siempre nos dicen lo mismo desde el olimpo económico: que es el mercado el que la hace subir y bajar, que el capital es miedoso por naturaleza. Y apelan a nuestra capacidad de creer en lo inmaterial, a nuestra buena e ilimitada fe para que les creamos; y les creemos a pies juntillas sin apenas cuestionarlo. -Palabra de Dios, te alabamos Señor- nos falta por decir.

Todavía recuerdo cuando el gran guru de las finanzas George Soros dijo que iba a devaluar la libra esterlina parapetado en el castillo financiero neoyorquino y el gobierno británico y su graciosa majestad vieron como se salía con la suya no una vez sino dos. A la vista de los antecedentes uno recapacita y piensa en nuestro comportamiento gregario y le vienen a la memoria hechos truculentos de grandes masas de individuos que por un simple rumor se abalanzan pánico en rostro provocando decenas, centenas o miles de muertos. Estando es estas reflexiones nadie puede negar que las tendencias se inducen (ahí están las modas que activan el comercio textil) y mi pregunta es: ¿Quién o quienes crean las tendencias del mundo financiero? No me cabe ninguna duda que si un lobby es capaz de inclinar la balanza hacia un lado determinado el resto de lo que llaman mercado se dejará caer por esa pendiente por gravedad, inercia o miedo. Y hay mil formas de provocar esa inclinación dónde los rumores y las amenazas públicas de rebaja de la calificación juegan su papel.

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Se supone que en este mundo especulativo sólo se busca el rendimiento económico y cuanto mayor sea mejor, el precio que pagan terceras personas nunca ha importado ni importará. La sangre jamás ha perjudicado a estos mercaderes. Este juego también forma parte de la aldea global y a veces va disfrazado de política porque cada país busca su sitio en el gran tablero que es el mundo. A menudo los parlamento nacionales se ven superados quedando los ciudadanos a merced de estos especuladores y sus intereses. Si no se crean leyes supranacionales que regulen estos inmorales mercadeos seguiremos, los habitantes de a pie, siendo reos de este poder. Los gobiernos por sí solos son incapaces de doblegarles así que se limitan a jugar con las reglas que les imponen intentando sacar provecho. Veamos el caso europeo en donde cada gobierno tiene intereses diferentes y arrima el ascua a su sardina. El que el bono español se ponga por las nubes puede favorecer a los bancos germanos y galos que así obtienen una mayor rentabilidad aunque sea a costa de sus socios hispanos y la realidad económica no justifique ese alza. Sus ganancias son nuestros impuestos y el deterioro de nuestro bienestar. Estos movimientos pueden arrastrar al precipicio a un país que inicialmente no tenía motivos razonables para ello y sólo puede calificarse de terrorismo financiero. Si hacemos caso del proverbio popular (Tanto peca el que mata como el que estira de la pata) veremos que los únicos culpables no son esos depredadores financieros sino que también están en el mismo saco los que consienten el actual estado de las cosas y no legislan para evitar estas tropelías. Recuerden que el miedo guarda la viña.