La Cultural se asoma al precipicio
Lo más honesto y cierto de cuanto ocurrió ayer en torno a la Cultural y Deportiva Leonesa fueron las lágrimas del capitán culturalista, Santi Santos, que expresó de esta manera su desolación por la situación desesperada a la que se ha visto abocado su equipo. Un equipo de 88 años de historia que se asoma al precipicio de la desaparición.
La jornada de ayer rubricó un largo rosario de despropósitos, oscurantismo, medias verdades y contradicciones que pone definitivamente en almoneda la credibilidad de unos empresarios cantamañanas que se diría que consideran a la Cultural como un cortijo en el que hacer y deshacer a su gusto. Y lo primero que habría que recordar de forma clara y rotunda es que la Cultural no es patrimonio de nadie sino de la ciudad a la que representa desde hace casi un siglo y de los aficionados leoneses. El injustificado plantón a los representantes del grupo inversor, que aparecía como el único asidero al que agarrarse en estos momentos críticos, delata que los -˜dueños-™ de la Cultural lo que pretenden es seguir actuando a modo de caciques y continuar bien colocados en el terreno de juego ahora que se «huele» dinero fresco. Pero sucede que se les han acabado los argumentos. Los que defiende el consejo de Profutle en un comunicado difundido tras las duras manifestaciones del alcalde suenan de nuevo a excusa vana. ¿No existía el compromiso el de tener los deberes hechos a las 11 de la mañana de ayer? ¿Cómo se puede pedir más tiempo cuando se han traspasado todos los límites?
Es comprensible que el alcalde marcase ayer una línea en la que se lee un «hasta aquí hemos llegado» para expresar su contrariedad y su hartazgo con los vaivenes de los propietarios del club. No se mordió la lengua Francisco Fernández al subrayar que el Ayuntamiento se desvincula definitivamente de las negociaciones para propiciar la venta del club. Pero en esta tortuosa historia la experiencia dice que nada es como parece así que todavía cabría esperar nuevos acontecimientos. Es momento de órdagos. Ojalá que también de milagros.