EL CORRO
Impostura electoralista
A falta de otras propuestas de mayor calado y compromiso, la convención celebrada por el PP el pasado fin de semana en Sevilla ha deparado como gran novedad el anuncio de Rajoy de que su partido va a proponer la supresión de los privilegios que tienen los diputados y senadores en materia de pensiones. De la forma en que lo ha anunciado parecería que el líder del PP ha sido sensible ante la situación social que atraviesa España y ha querido solidarizarse con los millones de españoles que, antes o después, van a ver diezmadas sus pensiones públicas. A primera vista, un gesto digno de encomio. Pero a poco que analice, enseguida caeremos en la cuenta de que se trata de una manifiesta impostura de corte electoralista. Lo primero que tendría que indignar es que haya habido que esperar a que se meta la tijera en el sistema público de pensiones para que la casta política renuncie a una de sus prebendas. En el caso que nos ocupa, una renuncia un tanto sobrevenida y forzada, por cuanto hace tan sólo un mes el PP se había opuesto a su supresión.
Ello cuando resuenan aún los ecos provocados por las sinecuras otorgadas por sendas empresas eléctricas a Felipe González y José María Aznar. Un episodio que no ha escandalizado ni al PP y ni al PSOE, que consideran normal que los ex presidentes del Gobierno compatibilicen una pensión vitalicia de 80.000 euros anuales (más de lo que cobra Zapatero) con toda clase de actividades privadas. Y, por supuesto, ni González ni Aznar, que se pasan el día pontificando con remedios para salir de la crisis que comportan grandes sacrificios al común de los mortales, se han planteado ni por asomo renunciar a esas canonjías. Se comprende no obstante que Rajoy y Cospedal, al igual que otros dirigentes del PP y supongo que también del PSOE, no remuevan esta otra cuestión. Con más de 4 millones de parados ellos gozan de una situación de pluriempleo, sumando a sus sueldos como cargos públicos los que perciben por parte del partido. Y eso sin contar las múltiples remuneraciones en especie, esas que les permiten vivir sin tener que llevar jamás dinero en el bolsillo.
La clase política se llena la boca predicando austeridad pero sigue sin practicarla. Y los partidos siguen derrochando dinero a espuertas en actos preelectorales como el cónclave citado al principio (3.000 participantes, 250 de Castilla y León, tres días en Sevilla), como si la crisis no fuera con ellos. Tampoco ha sido el mejor ejemplo el ofrecido la pasada semana por el gobierno autonómico, que, con la excusa del reparto de unas migajas presupuestarias a los ayuntamientos, forzó a más de 500 alcaldes a desplazarse a Valladolid, donde posaron como figurantes de una foto propagandística del presidente de la Junta.