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Jesús Álvarez Courel
León

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El sufrimiento es esencial a toda vida y aumenta cuanto más sabemos, razonaba el pesimista Schopenhauer, que ni el mejor dia de su vida creyó en la felicidad. Algún tiempo antes, cuando aparecieron sobre la tierra las primeras formas de vida (bacterias quien sabe si ajenas a las emociones), traían incorporado en su maquinaria genética el instinto de la procreación. La vida no se explica sin el derrotero de la continuidad, lo que para el filósofo alemán suponía renovar en la existencia nuevas ocasiones para el sufrimiento. Si para algunos pensadores el optimismo o el pesimismo parecen más cuestiones de temperamento, que no de la esfera de la razón, en general la vida que hemos padecido desde que somos bipedos es precaria y llena de penalidades, lo que invita a muchos a tener un sentimiento pesimista por pura razón antropológica.

La historia de la humanidad se ha escrito siempre en blanco y negro. En algunas épocas, como la Edad Media, en negro sobre fondo negro, pues en aquellos siglos ningún goce de la vida era posible y la miseria fue general, amén de que las tenebrosas supersticiones la hicieron aún peor. Y en blanco y negro la cuentan en la actualidad fotógrafos como Gervasio Sánchez, cuyo objetivo nos enfoca el fracaso de la convivencia. Si alguien destacara el desarrollo tecnológico o científico como un avance de la evolución humana, sus espléndidas fotografías -"que exhibe el Musac estos días-", le invitarán a contemplar el triunfo de la violencia y la sacralización de la crueldad -"con la mejor tecnología de las armas-", en grupos de individuos contra los más débiles. Gervasio denuncia con sus intensas imágenes las vergüenzas de las dictaduras actuales, a cuya corrupción respondemos mirando hacia otro lado. Nos invita a contemplar las víctimas de nuestra felicidad, pues los crímenes se cometen con la munición de los países desarrollados. Por si lo ignoramos, nos recuerda que el dinero de los dictadores alimenta nuestros bancos y les permite jubilarse al sol de Europa (en lujosas mansiones), dejando atrás una tierra plena de miseria y dolor. Sin embargo el fotógrafo, caminando junto a los perdedores, nos asegura que «no hay nada más bello en el mundo que ver a una víctima de la guerra perseguir la felicidad».

Nietzsche decía que era un error considerar como un deber el aspirar a la victoria del bien y la aniquilación del mal, pues la evolución demuestra inexorablemente su incertidumbre. Sin embargo, para Caro Baroja aunque el hombre sienta, de forma más vital, el odio que el amor, la sensación de éste es más profunda y atrayente. Menos mal-¦ Había que hacer algo.

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