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Cristina Hidalgo González, profesora titular de la Universidad de León
León

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T odo empezó hace unos días a eso de las nueve de la noche. A esa hora, muchas mujeres tratamos de preparar la conciliación de la vida familiar y laboral del día siguiente y mientras me ocupaba de lavadoras y cacharros, tenía como música de fondo una televisión que apenas escuchaba y mucho menos veía, pero ese día fue diferente. De repente, oí con extrema claridad, por el volumen de voz utilizado, como un personaje altanero y chulesco ninguneaba, despreciaba e insultaba a un grupo de jóvenes de un programa de cazatalentos de esos que están tan de moda. Me quedé atónita por el tono y la formas, y mientras me recomponía del asombro, por mi mente, pasó como una centella la siguiente pregunta: ¿Qué pasaría si mañana yo hiciera lo mismo en mi clase?, perdónenme que no me haya presentado, soy una profesora universitaria, no me considero mayor pero arrastro ya algunos años en esto de la transmisión de conocimientos.

Me dedico a la docencia, por vocación y con convicción, no he dejado de estudiar, investigo para apuntalar la calidad de mis explicaciones, público artículos sesudos y otros divulgativos para el público en general, que en definitiva es quien paga mi sueldo a fin de mes, asisto a cursos de reciclaje y afronto con expectación eso que llaman el Espacio Europeo de Educación Superior.

Resulta que Bolonia me insta a cambiar mi metodología docente, debo ser más cercana al alumno, debo preocuparme por su motivación, debo implicarme en su forma de estudiar, debo proporcionarle las claves para un adecuado desarrollo personal y tengo que ser capaz de instruirle en una serie de competencias que serán la llave de su éxito profesional. Ahora que nos conocemos, vuelvo a la pregunta que me hice y aun hoy me sigo planteando, ¿Qué pasaría si yo mañana entrara en clase y al grupo que «va» pero que no «está» le expulsara alegando su falta de interés, si al que me contestara mal a una pregunta le increpara por su falta de conocimiento y si a los que no quieren salir a resolver mis prácticas les nominara para abandonar la asignatura en el próximo examen?, casi con toda seguridad, la consecuencia directa sería que yo acabaría sufriendo una apertura de expediente y tratando de explicar a un juez instructor que no me había vuelto loca sino que esa es la motivación de la juventud de hoy.

Buceando en la inmensidad de la Red encontré algunos datos que me han parecido asombrosos, como por ejemplo que, en la última edición, se han presentado más de dos mil aspirantes a eso que en el argot le llaman «castings» y la organización ha recibido más de seis mil llamadas para informarse del proceso de admisión, muchas más de las que se interesan por el ingreso en la universidad en la que trabajo. Ante estas premisas, únicamente me queda concluir que Bolonia está equivocada, dediquémonos a insultar, increpar, nominar y expulsar que ahí reside la clave del éxito. Yo, de momento, voy tomando nota y seguro que para el año que viene tengo la clase a reventar o no-¦

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