Diario de León
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JOSÉ A. BALBOA DE PAZ
León

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El paro, que supera el 20 por ciento de la población activa, es la principal preocupación de los españoles; pero el paro juvenil, con tasas cercanas e incluso superiores al 42 por ciento, es si cabe aún más lacerante. El Consejo de Ministros aprobaba el viernes nuevas medidas de choque que, en general, no son sino paños calientes de una política errática y equivocada. Como antaño, el drama de la emigración se cierne sobre muchos jóvenes; pero al contrario que en los años sesenta, Europa no necesita mano de obra sin cualificar sino expertos en ingeniería, medicina, informática; jóvenes que hablen idiomas, que estén preparados en una sociedad del conocimiento cada vez más exigente. Nadie duda del esfuerzo que se ha hecho en mejorar la calidad educativa de los españoles, pero los resultados no son los hubiéramos deseado. No es la política educativa la que falla sino la filosofía educativa.

El paro actual está estrechamente ligado con la calidad de la enseñanza y con el fracaso escolar. En los años del ladrillo muchos jóvenes abandonaron sus estudios pensando que no merecía la pena tantos esfuerzos para sueldos peores que los que ofrecían trabajos a destajo. La realidad ahora es muy otra. Tengo delante los datos del mes de diciembre de 2010 referidos a la ciudad de Ponferrada del Servicio Público de Empleo. Con todas las salvedades que se quiera creo que son un ejemplo de una situación bastante generalizada en España. De los 6.654 parados, 5.720, es decir un 85 % no tienen otros estudios que los de secundaria; incluso casi el 60 por cien no llega más que al primer ciclo. Hay pocos técnicos de F.P. en paro, un 6%, y un 7% con estudios universitarios. Como vemos, el drama es el de los muchachos sin estudios o con pocos, esos que ahora llaman ni-"nis, los que ni estudian ni trabajan.

Los ni-"nis son consecuencia del fracaso escolar que en España alcanza cifras alarmantes, superiores al 30 por ciento; en nuestra comunidad sólo del 20%. La Junta arbitra programas que reduzcan ese porcentaje, pero algunas parecen simple maquillaje de un problema, repito, que no está en la política educativa sino en la filosofía que subyace a esta. Nunca ha habido tantos medios humanos y materiales a disposición de los alumnos; no es, por tanto, un problema económico. El problema radica en planes educativos realizados a medida de los intereses ideológicos de los partidos; el mal se encuentra en el falso igualitarismo y su corolario de desprecio a la excelencia y el esfuerzo; en el antiautoritarismo que confunde despotismo con la autoridad necesaria para educar en conocimientos y valores; y sobre todo las falsas esperanzas inoculadas a una generación que creyó que todo se lo darían hecho por no se sabe qué sacrosantos derechos.

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