TRIBUNA
Progresismo y cristianismo
El cristianismo lleva, desde su fundación por Cristo hace ya 2.000 años, recibiendo severos ataques por personas o entidades que se sienten perjudicadas o atacadas en sus principios. Esto ha ocurrido en todos los tiempos con mayor o menor intensidad. Durante los años treinta del siglo pasado, antes y durante la guerra civil española, los ataques al catolicismo en España fueron especialmente virulentos. En los últimos años, los ataques a la Jerarquía Católica española son nuevamente los «deportes» favoritos de algunas personas.
Se dice que la Iglesia Católica se ha situado en posiciones más dogmáticas, intransigentes y excluyentes en contraste con un mundo que avanza hacia las ideas de igualdad racial y la defensa de los mismos derechos y deberes para todos. Se dice que la Jerarquía Católica se resiste al progreso y a los avances sociales. Se dice también que la Jerarquía Católica condena sistemáticamente ci ertas medidas que los ciudadanos consideran como avances sociales. Se la critica su intromisión injustificada e injustificable en las decisiones de los Parlamentos elegidos por el pueblo. Se dice también que la actitud de la Jerarquía Católica es retrógrada y reaccionaria, que da palos de ciego y que ha perdido el norte y que avanza locamente en dirección desconocida.
Estos ataques al catolicismo es fruto de la ignorancia o de la mala fe o de ambas cosas a la vez. Sería bueno e indispensable recordar que el cristianismo es la religión fundada por Cristo, el Hijo de Dios. Su fundador le proporcionó unos principios fundamentales inamovibles, que nada ni nadie los puede modificar porque si fueran modificados ya no sería cristianismo, sería otra cosa. Los fundamentos del cristianismo son los diez mandamientos que Dios dio a Moisés y que Cristo resumió en dos: amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo. Esos dos mandamientos forman la base fundamental del cristianismo y nunca podrán ser cambiados. Es decir, la base fundamental del cristianismo es el amor. El amor es el único camino que tiene el hombre para conseguir la felicidad, no hay otro. Es más, el amor es el fundamento más sublime que jamás ha existido, es el fundamento que nos asemeja a Dios. Es sublime hasta el punto de que si los humanos hubieran aceptado el amor como camino de conducta, habrían desaparecido de la faz de la tierra las dos lacras más penosas: la guerra y la pobreza Hay cosas en la vida y en la naturaleza que no se pueden tocar. Los fundamentos cristianos son una de esas cosas. La política progresista tiene como base fundamental de actuación el poder por el que hay que luchar como sea, por todos los medios, para conseguir el dinero y el placer. Placer y felicidad no son palabras semejantes, sino muy diferentes. El placer es temporal y efímero, la felicidad es continua. El placer se consigue con el poder y el dinero, los nuevos dioses del progresismo. La felicidad se consigue solamente con el amor. Es frecuente ver personas que lo tienen todo y no son felices y personas que no tienen nada y son felices. Una persona llena de odio o de rencor no puede ser feliz. Sólo la persona capaz de amar puede ser feliz.
Se ataca a determinadas jerarquías católicas que no cumplen las enseñanzas de Cristo y ahí tienen razón. Siempre hubo, hay y habrá católicos indignos de ser llamados cristianos. El propio Cristo tuvo entre sus discípulos un traidor que le vendió. Esa es la naturaleza humana, pero también es verdad que la inmensa mayoría de la Jerarquía Católica ha sido, es y será fiel a las enseñanzas de Cristo. Se ataca a la Jerarquía Católica de no aceptar ciertas normas de los gobiernos socialistas, pero no pueden decir que la Jerarquía Católica no cumple con los principios fundamentales del cristianismo. Se olvidan que los gobiernos cambian de leyes continuamente, lo que hoy es bueno, mañana ya no lo es. La Iglesia jamás impondrá normas contra el amor. Amor es lo máximo que puede dar y recibir el ser humano, algo que muchas veces olvidamos con frecuencia a cambio de unas migajas de placer.
Así pues, tanto los principios como los fines de la sociedad progresista y los del cristianismo son completamente diferentes y hasta divergentes. En tanto los principios y los fines del progresismo se aparten del camino del amor, la Jerarquía Católica nunca los podrá aceptar. Por otra parte, llamar progreso a ciertos fines de la política progresiva es puro sarcasmo, por ejemplo: Conceder ciertos «derechos» a la mujer para poder asesinar al ser humano que lleva en su vientre; a eso lo llaman avance social. Conceder a personas por los servicios prestados a sí mismos, no a los ciudadanos, por jurar o prometer un alto cargo político o pasear una pancarta, una pensión mensual más alta que la anual a millones de jubilados, que reciben una pensión de pura subsistencia; a eso lo llaman igualdad racial y defensa de los mismos derechos y deberes para todos.
Construir una sociedad a imagen y semejanza de los que detentan el poder y llamar buenos a los que participen de sus ideas y malos a los otros, al mismo tiempo que se fomenta el odio y el rencor entre «buenos» y «malos», a eso lo llaman progresismo. Conseguir que el gran público considere que política y corrupción sean la misma cosa; a eso lo llaman progresismo. Socializar la miseria por haber creado una sociedad frágil, débil y cargada de ansiedad ante el incierto futuro por la falta de trabajo; a eso lo llaman progresismo. Haber creado una sociedad donde la corrupción, el despilfarro y la crispación están a la orden del día; a eso lo llaman avances sociales.
Haber creado una clase política con unos privilegios desproporcionados mientras los ciudadanos sufren toda clase de privaciones; a eso lo llaman defensa de los mismos derechos y deberes para todos. Haber creado unas Autonomías con muchos privilegios mientras en otras no se goza de los mismos privilegios; a eso le llaman progreso. Ser gobernados los españoles por un partido progresista que presume de defender los derechos humanos mientras los países socialistas europeos y algún país musulmán se negaron a aprobar la Declaración Universal de los Derechos Humanos en la ONU el año 1948; a eso le llaman progresismo.