FUEGO AMIGO
Celebración en Cebreros
Cebreros fue famoso por su tinto carretero y por aquellos seguimientos tenebrosos de los vuelos espaciales que daba la televisión en blanco y negro. Ahora en Cebreros el vino de calidad lo hacen El Quexigal y el piloto Carlos Sainz, mientras la antena gigantesca que controla la órbita a los satélites la gestiona la Agencia Espacial Europea. Pero hay cosas que no cambian, como el encanto del pueblo o la animación de sus ya inmediatos carnavales. A ese aliciente de sus fiestas de invierno, se ha unido este año la conmemoración del treinta aniversario del asalto al Congreso. Un episodio de inevitables tintes carnavalescos, aunque con mucha menos gracia que el rondón que ejecuta esos días la jota de la villa.
No puede decirse que haya sido gratuita ni pillada por los pelos la elección de Cebreros como sede de algún acto conmemorativo de aquel bochorno. Allí se instaló hace un par de años el Museo de la Transición dedicado a Adolfo Suárez, que acogió el pasado miércoles al gabinete de crisis de entonces, conocido como Gobierno de Subsecretarios. Cuando tanta gente se apunta al éxito retrospectivo de aquella jornada, no está de más resaltar la dignidad de quien mantuvo en trance tan decisivo una actitud ejemplar, como Suárez, y hacerlo en su pueblo. Porque en la corte anda tan concurrida la celebración que no hay sitio para más. Cebreros escalona sus atractivos entre la Iglesia Vieja y el mirador de la picota. El antiguo templo ocupa la parte alta y sus arcadas desnudas acogen el museo dedicado a Adolfo Suárez y la Transición. La iglesia corresponde al gótico isabelino y dejó de ser parroquia al construirse, medio siglo más tarde, la de la plaza, también dedicada a Santiago. El nuevo templo, que promediaba el caserío, evitó la fatiga de los fieles, obligados hasta entonces a la penitencia diaria de la cuesta. Entre la plaza y la picota, discurre el callejero de más sabor, salpicado con algunas muestras de la antigua pujanza, cuando Cebreros fue posada y aduana en el camino imperial de Toledo a Valladolid. De aquel esplendor queda memoria en la calle de los Mesones, donde se dice que abortó la reina Católica, en una casa poderosamente blasonada.
Con la desamortización, la Iglesia Vieja se convirtió en corral del concejo y más tarde en cementerio. Luego se habilitó como parque de recreo, perdiendo una de sus naves. A la entrada del museo, reciben al visitante las figuras del monarca y de Suárez y los bustos de los padres de la Constitución, que pulieron el texto en el parador de Gredos. Las esculturas son de Santiago de Santiago. Canciones, carteles y audiovisuales articulan el recorrido, que permite apreciar el esqueleto gótico del edificio. Como no va mucha gente, pues tal día hizo el año.