CON VIENTO FRESCO
Sin política energética
T odo pasa, excepto la estupidez de ciertas políticas y de los políticos que las sustentan. La realidad cambiante nos obliga a ir a remolque de los acontecimientos. Los sucesos que vive el mundo islámico desde hace un mes, especialmente en el norte de África donde los pueblos se han levantado contra dictaduras militares corruptas, hacen saltar en occidente todas las alarmas. En esos países y en otros del Medio Oriente, con revueltas semejantes, se encuentran ricos yacimientos de petróleo y gas. La inestabilidad ha provocado la subida de los precios del combustible. Basta que éste haya subido de 80 a 115 dólares/ barril para que nuestro gobierno se saque de la manga una medida apresurada y estrambótica: reducir la velocidad de circulación como medida de ahorro energético. Veremos que es lo que hace si es verdad que el petróleo puede alcanzar el próximo año los 135 dólares y en 2014 llegar hasta los 165 dólares/barril.
El petróleo no es el único culpable. España, a diferencia de los países del entorno, depende en un 82% del exterior en el suministro de energía. La razón es que los gobiernos del PP y del PSOE no han tenido una política energética nacional. Unos cerraron las minas de carbón, otros se oponen a la energía nuclear. Ahora nos damos cuenta de que basta con que el petróleo suba por encima de los 130 dólares el barril para que el carbón sea una energía rentable. En nuestra provincia hay todavía mucho carbón. Se han cerrado cuencas que nunca más se podrán volver a explotar. Otras aún mantienen pozos abiertos pero durante un año no han producido carbón, porque las centrales térmicas, controladas por compañías eléctricas contrarias a su uso, no lo han quemado. Es caro, dicen, y crea problemas medioambientales, pero para eso se supone que se hacen las inversiones para la captura del CO 2 .
Más grave es la paralización de la política nuclear y el cierre caprichoso de Zapatero de la central de Garoña. La ideología sectaria provoca graves consecuencias sobre la economía y, por tanto, sobre la vida de los ciudadanos. La energía nuclear genera problemas, aunque menores que otras energías; pero esos problemas no son tan terribles como para prescindir de ella. Resulta de una estulticia o de una ingenuidad absoluta comprarla a Francia, con centrales incluso muy cerca de nuestra frontera, y cerrar -”y pagar las moratorias de los cierres-” las que se han construido aquí. Como en tantas otras cosas, por razones electorales o de ideologías sectarias, los partidos políticos son incapaces de acordar a largo plazo una juiciosa política energética nacional. Tienen que ocurrir dramas como los de Túnez, Egipto y Libia para que algunos se enteren del callejón al que nos han conducido esas políticas y estos políticos.