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Óscar Reguera, portavoz del grupo popular en la Comisión de Agricultura de las Cortes
León

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E l mes de octubre pasado, como consecuencia de una nueva crisis de gobierno, accedió al Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino doña Rosa Aguilar. Por tanto, es ya momento oportuno para recordar a la nueva ministra algunos de los principales retos que preocupan al sector agrario y que deberán ser urgentemente abordados para garantizar al camp o su futura viabilidad.

El primero de ellos es afrontar el problema de las explotaciones ganaderas, gravemente afectadas por el encarecimiento del coste de los piensos, pero también de la energía, de los impuestos o por las dificultades de acceso al crédito, mientras que los precios obtenidos por sus productos están, en el mejor de los casos, congelados. En este sentido, es esencial que el Ministerio considere a la ganadería y también a la agricultura sectores estratégicos y prioritarios, esenciales para garantizar nuestra soberanía alimentaria, es decir, lograr un razonable abastecimiento de materias primas esenciales que haga a nuestro país menos vulnerable frente a decisiones o situaciones externas.

En concordancia con lo anterior, la Junta suscribió en su día un importante documento con las cuatro organizaciones agrarias de nuestra Comunidad en el que se reflejaba una posición común en materia de agricultura y ganadería, documento que, sin duda, es de enorme actualidad, dado el grave problema ganadero que tenemos en España, pues en el se reconoce el crucial papel del sector agrario español y la necesidad de que todas las administraciones competentes establezcan un plan económico y de financiación para el campo y la industria de él dependiente.

Por otra parte, es ya absolutamente necesario recuperar una posición clara y firme, (de Estado, no de gobierno o de partido), en las negociaciones ante la UE para conseguir una futura política agrícola comunitaria fuerte, con presupuesto suficiente y orientada hacia la consecución de sectores agrarios y agroalimentarios competitivos y productivos, base fundamental del desarrollo rural verdaderamente sostenible.

En este sentido, no parece muy «sostenible» que, con la que está cayendo en el mundo en relación con la escasez actual y futura de materias primas, en Europa o en España nos afanemos en pintar más de verde las políticas verdes dedicadas al campo. El verde actual queda ya suficientemente bien (Europa es ejemplo en el mundo) como para añadir, sin contraprestación suficiente, más costes verdes que reduzcan la competitividad de las explotaciones agrícolas y ganaderas españolas o europeas. Si, al final, la PAC futura que se está negociando se «reverdece», deberá ser sin coste adicional alguno y mucho más sencilla que la actual. Por otro lado, preocupa también en el sector agrario que sus productores mejoren su papel negociador en el mercado alimentario. Es razonable oír a los agricultores o a sus representantes que el sector quiere sobretodo vivir de precios dignos y justos que retribuyan su actividad y les compensen de costes crecientes.

Para ello, entre otras cosas, resulta necesario impulsar las debidas adaptaciones normativas en materia de competencia, mejoras en las condiciones contractuales, impulso de las interprofesionales, etc, lo que resulta de particular interés, de acuerdo con la situación actual, en el mercado lácteo. Y es cierto que, para el caso del sector lácteo, el MARM, las comunidades autónomas y el propio sector(opas y fenil) vienen analizando en los últimos tiempos un borrador de real decreto que regula los contratos y las organizaciones de productores para este sector. Pero también es cierto que de esta norma se lleva mucho tiempo hablando, aún no se ha publicado y no se sabe nada de la posibilidad de extender este esquema a otros sectores que también lo necesitan. La ministra Aguilar debe ser especialmente ágil y ambiciosa en este tema.

En lo que al azúcar se refiere, es notoria la necesidad de exigir a la unión europea un incremento del precio de referencia de la remolacha y una revisión al alza de las cuotas de producción de azúcar asignadas a España. La última, y mala, negociación española de la ocm del sector remolachero azucarero ha reducido a la mitad nuestro potencial productivo y provocado que nuestro país sea exageradamente deficitario de azúcar. Ahora tenemos una buena oportunidad para paliar algo sus negativos efectos. El precio mundial del azúcar está por las nubes y hay percepción de escasez. Para aumentar la oferta de producto, la comisión europea está estudiando recalificar 500.000 tm de azúcar fuera de cuota, producida en el mercado interior. La ministra debería defender este asunto con firmeza ante Bruselas. Nuestro sector remolachero-azucarero es muy competitivo pero necesita más cuota y mejor precio de referencia.

Por último, es necesario que el Ministerio apueste claramente por la competitividad del sector, desbloqueando su posición de rechazo a la ejecución de nuevos regadíos, especialmente los planificados en Castilla y León, pues a la carencia de inversión ministerial de su competencia se suma la imposibilidad de que la Junta pueda ejecutar las obras complementarias a las de la administración del estado. Entre otros, los regadíos de la Armuña (Salamanca) y los previstos en el área centro en Payuelos (León) se verán seriamente afectados.

La ministra debe reconocer que los regadíos son necesarios y, en el futuro, imprescindibles. La demanda mundial de alimentos se duplicará en los próximos 30-40 años. Las tierras de cultivo serán, cada vez más, un recurso escaso, pues crecen los condicionantes medioambientales para aumentarlas y los cultivos energéticos quieren abrirse paso para compensar un petróleo más caro.

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Además, España hoy necesita importar en torno al 40% de los cereales y casi el 100% de la soja que consume, esencialmente dirigidos a la alimentación del ganado. Por tanto si, en el futuro, porque sean muchos a pedir en el mundo, escasea el maíz o la soja, acto seguido escasearán los huevos, la leche y la carne. Esperemos que la ministra Aguilar tenga claras estas cuestiones y obre con acierto. Por el bien de todos.