FRONTERIZOS
Obra del Diablo
D e La increíble historia del Dr. Floit & Mr. Pla , un espléndido montaje teatral dirigido por Boadella a finales de los noventa, me quedó grabada una frase. El camaleónico actor Ramón Fontserè, en su papel de Josep Pla, le mostraba a un periodista desde un imaginario altozano la plenitud del Ampurdán: «fíjese qué hermosura de paisaje; no se ve una hipoteca en cien kilómetros a la redonda». Y remataba: «la naturaleza la hizo Dios, pero este paisaje lo construyeron los payeses». Seguramente el paisaje sea la construcción cultural más importante que ha sido capaz de generar el ser humano y, en ese convencimiento, me ha interesado la celebración en el Bierzo de la asamblea de la Alianza de Paisajes Culturales Patrimonio de la Humanidad y la presentación del trabajo del arquitecto granadino Miguel Dumont sobre los recursos paisajísticos del municipio de Ponferrada.
Desde hace más de una década existe el programa marco conocido como Convención de Florencia que busca la protección, gestión y planificación de los paisajes europeos, con el objetivo último de conservar y mejorar su calidad. El documento fundacional define paisaje como el área cuyo carácter «es resultado de la interacción de factores naturales y/o humanos». En esa línea se enmarca el estudio de Dumont, pionero en esta materia en la comarca, que plantea una visión del territorio que permita comprender el paisaje desde las complejas relaciones entre sus partes y no, como se ha hecho hasta ahora, d esde el análisis de elementos aislados. Por mucho valor patrimonial, artístico o natural que tenga un elemento, la valoración, comprensión y actuación en un espacio debe ser tomado en su conjunto, evitando la aparición de pequeñas islas congeladas, sin apenas relación con su entorno. Teniendo en cuenta que, si nadie lo remedia, los planes de futuro conocidos para esta tierra nuestra parecen girar sobre el maná del turismo, una visión más vertebrada podría repercutir en un mejor aprovechamiento de los no despreciables recursos comarcales.
Las líneas maestras del plano teórico están marcadas, pero enfrentarse a la cruda realidad es otra cosa. Cualquier acción de conjunto requiere también una visión y una capacidad de ejecución global, algo difícil en nuestra enmarañada estructura administrativa, con competencias solapadas, duplicadas o escasamente definidas. Cercano es el sangrante caso de Médulas, en el que ahora se discute su Plan de Gestión, catorce años después de la declaración de Patrimonio de la Humanidad y de la acción descoordinada de un impreciso número de entidades. La naturaleza la hizo Dios, el paisaje lo han construido los hombres y la historia, pero la organización administrativa parece obra del propio Diablo.