Diario de León
Publicado por
JAVIER TOMÉ
León

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Bueno, señores, pues ya nos encontramos en lo que los devotos entregados a la causa denominan la fragante primavera cristiana. Un tiempo cuya banda sonora nos remite a las bandas de tambores y cornetas de la Semana Santa, intimista espectáculo que mezcla luces y sombras, recogimiento y devoción, costumbres y tradiciones ancestrales. Un ritual pleno de emotividad en el que se ha colado, para horror de los puristas, el irreverente entierro de Genarín, culto profano que se configura, en opinión del escritor Julio Llamazares, como «una de las celebraciones más alucinadas y corrosivas de la heterodoxia hispana». Semejante ritual en honor del pellejero Genaro Blanco Blanco, fallecido de forma ignominiosa en la carretera de los Cubos mientras amanecía el Viernes Santo de 1929, goza de un indudable tirón turístico más allá de nuestras fronteras provinciales, hasta el punto de atraer a miles de forasteros que se sumergen gustosos en un vodevil de orujo y bromas que gente con tanto pedigrí semanasantero como don Javier Fernández Zardón, Motorines, califica de botellón infecto.

Sea como fuere, nuestro periódico ha apostado por colorear la Semana Santa a sus lectores con el DVD de la película Bendito Canalla , un delirio visual sobre las andanzas de semejante bribón en el León golfo de su época. Una serie de nombres muy queridos en esta casa llevan el peso del filme, como Pedro Trapiello o Pepín Muñiz, un auténtico maestro a la hora de condimentar anécdotas y sucedidos protagonizados por la gente del bronce local. No en vano el último play boy que nos queda en León fue testigo presencial de los manejos efectuados por mujeronas de rompe y rasga como la Calcetines. La cofradía de los genarianos, en fin, está de enhorabuena.

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