EDITORIAL

Polvorín de Cuadros: bajar a la trinchera

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León

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Hubo unanimidad en el pleno de La Robla en defensa de la continuidad del polvorín de Cuadros pero la iniciativa real la siguen llevando los vecinos, los afectados directamente por el anunciado desmantelamiento de estas instalaciones en las que están destinados 73 militares... y sus familias. La moción aprobada ayer está llena de voluntarismo pero la eficacia de la iniciativa hay que ponerla en cuarentena. Se echan de menos actuaciones más enérgicas y valientes, en particular desde el partido socialista, que, en otras ocasiones, sí ha demostrado que sabe utilizar el 'hilo directo' con Madrid para hacer valer las reivindicaciones que nacen de la provincia. Los afectados, aglutinados en torno a una plataforma, se muestran mucho más firmes y menos dubitativos y traerán hasta la capital sus inquietudes en forma de una sentada frente a la Subdelegación de Defensa -prevista para hoy- y una concentración convocada para mañana.

León debe mantener el nervio de sus reivindicaciones cuando se trata de decisiones que afectan al futuro de sus pueblos. No se desmantela sólo un polvorín sino que se va a resentir notablemente el precario equilibrio socioeconómicode toda una comarca. No es tiempo de quedarse quietos ni mudos. De ahí que los vecinos echen de menos, con razón, una mayor receptividad por parte del alcalde de León y de la presidenta de la Diputación que hasta el momento se han mostrado esquivos. Que la decisión sea de carácter militar, (se justifica en la aplicación del plan de reestructuración y racionalización de efectivos tras la creación del Ejército profesional y... en los recortes presupuestarios), no significa que no haya en última instancia una decisión política. Por eso tiene poca consistencia el argumento del secretario de Organización del PSOE, Ibán García del Blanco, al trasladar toda la responsabilidad a las autoridades militares.

Hay momentos en los que los planteamientos de partido deben quedar decicidamente por debajo de los intereses generales. Se llama dar la cara. Aquí no hay ya otra opción que luchar y bajar una y otra vez a la trinchera.

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