Publicado por
CABANAS
León

Creado:

Actualizado:

C ualquier día de estos voy a llegar al pueblo de mi madre y me voy a encontrar con que no quedan ni los fósiles de aquellos tábanos rabiosos que enloquecían a las vacas cuando recogíamos la hierba en julio. A lo mejor porque tampoco se ven vacas, ni labradores, ni puertos hechos como Dios manda. He oído decir que en un pueblo cántabro se llevaron la carretera que habían breado el día anterior y que en Burgos (o en Soria, no me acuerdo), se organizan patrullas al anochecer para evitar que les choricen el cobre, el gasóleo o los motores de riego. En otros sitios, donde parece que el hambre es más aguda, se montan brigadas para que no les coman las reses. Nadie pudo nunca poner puertas al campo, pero lo que no imaginábamos era que lo acabaran convirtiendo en un santuario de cuatreros. Cualquier día, como digo, voy a abrir la casa donde nació mi madre y no voy a encontrar ni la sombra de las bisagras. Lo que sí veo frecuentemente, y muy a mi pesar, son los arcenes abandonados, o devorados por un barullo de carbazas y maleza feroz. O dinteles de sillería coronados por tejados de uralita, en casonas que todavía conservan en sus fachadas un blasón de piedra. Me imagino que cuando los amigos de lo ajeno ven esos pueblos de aire clandestino y sucio, piensan que en realidad no están cometiendo ninguna tropelía. Con sus máquinas herrumbrosas tiradas en cualquier lugar, las orillas de los caminos sin segar, sus corrales, antaño gloriosos, renegridos y derrumbados. Y el campo tan vacío como los páramos que concibiese Juan Rulfo. Nada que ver con esa prosperidad armoniosa de los pueblos franceses, que parecen siempre salidos de una postal. Algún día, en esta tierra, tan pobre, tan vasta, alguien se dará cuenta de que dejar los pueblos a merced de las alimañas nos hará infinitamente peores. Resignados a pagar un peaje terrible al progreso, no nos conmoveremos por su exterminio y dejaremos que sus últimos supervivientes se mueran de asco. Ya lo estamos haciendo, en realidad, abandonarlos, engañarlos, despojándolos de su dignidad de forma tenaz e insidiosa. Quién nos lo iba a decir hace sólo unos años. La cruel agonía de las casas de nuestros padres. Va a ser verdad que nos merecemos lo que tenemos.

Cargando contenidos...