TRIBUNA
Celebración y galardones
Ha pasado algún tiempo, suficiente para tener cierta perspectiva, desde aquellos primeros momentos relacionados con la puesta en marcha de un proyecto político, habiendo sido los primeros pasos duros y complicados, como es conocido. Estamos hablando de Castilla y León, un territorio cargado de historia y complejo, conformado por nueve provincias con intensa personalidad, miles de municipios y localidades, con una muy alta dispersión poblacional, desequilibrios económicos y muy perjudicada y, en cierto modo, secularmente abandonada por los poderes públicos, social e intencionadamente señalada y confundida con el centralismo mas estéril.
Después de las elecciones y una vez constituido el Gobierno, los primeros objetivos se centraron fundamentalmente en poner en marcha las instituciones básicas: Las Cortes, la Junta, la organización territorial con las Delegaciones correspondientes, negociar las transferencias, organizar y distribuir a los funcionarios, tarea ingente-¦ y porqué no decirlo, con tan poca experiencia. Pero también creímos pertinente e inaplazable crear referencias comunes que facilitaran, lo que entonces se llamaba conciencia autonómica, es decir, incorporar, desde el primer momento al conjunto de los ciudadanos en la puesta en marcha de nuestra Comunidad. Dos ejemplos en esa dirección fueron: un día de evocación en común y el reconocimiento público de personalidades destacados en el saber. «Sea notorio a todos los ciudadanos...». Así se iniciaba la promulgación de la Ley donde se instituía como Fiesta a todos los efectos en el territorio de la Comunidad de Castilla y León, el 23 de abril de cada año.
En dicha Ley se establecen principios en relación con la identidad y el reconocimiento tanto del pasado histórico, como de la necesidad de conducir en el presente los esfuerzos, individuales y colectivos, para la construcción y el fortalecimiento de nuestra Comunidad Autónoma y propone la libertad y autogobierno en solidaridad y unidad de España.
Los antecedentes y bases culturales, sociales, políticas e históricas de la promulgación de la Ley se remontan a lo que con acierto compendia el historiador Maravall en su libro «Las Comunidades de Castilla», cuando dice que el Movimiento Comunero constituye la primera contribución contemporánea de la Europa moderna. Al tiempo, contradice la particular y deformada visión que de los Comuneros habían ofrecido, hasta entonces, historiadores próximos a instancias oficiales del régimen de Franco. Continúa el autor que la lucha de las Comunidades fue mucho más que unos motines y que se inspiraba en un pensamiento político coherente que lo sitúa como primer movimiento revolucionario y liberal. El conocimiento y estudio de estas y otras aportaciones, que se remontan a siglos pasados, nos estimuló a algunos ciudadanos, durante los últimos años de la dictadura franquista, a celebrar encuentros en Villalar de los Comuneros y, así, recordar, homenajear y festejar a nuestros antepasados. La conmemoración espontánea de la Gesta de los Comuneros facilitó que quienes militábamos individualmente por la libertad y la democracia, nos conociéramos y se afirmaran nuestras convicciones y responsabilidad. Y al tiempo de reconocer y honrar a nuestros antepasados, adquirir compromisos con nuestra Comunidad para mejorar las condiciones políticas y sociales de castellanos y leoneses. Años después, ya en la transición, reivindicar la autonomía en igualdad de condiciones que el resto de los territorios del Estado.
Simultáneamente a la promulgación de la Ley de la Fiesta y como una aportación al estímulo y reconocimiento creamos el Premio «Castilla y León» con la intención de destacar la especial relevancia de la contribución castellano-leonesa al acervo cultural común a todos los españoles, con aportaciones tan destacadas como el idioma oficial del Estado y nuestro excepcional patrimonio histórico artístico, así como la conveniencia de reconocer e incitar la labor creadora de humanistas, científicos y artistas y de dirigir su atención hacia aspectos relacionados con nuestra Comunidad y sus problemas específicos. Todo ello hacia aconsejable la creación y sucesivas convocatorias de premios con la denominación de «Castilla y León» destinados a galardonar la labor de personas, equipos e instituciones que hayan contribuido a la exaltación de los valores científicos, culturales y humanísticos, patrimonio de la Comunidad castellano leonesa, o realizada por castellano leoneses, dentro o fuera del ámbito territorial de la Comunidad, que hayan hecho aportaciones destacadas al saber universal.
Cierto es que estas decisiones, tanto la Fiesta como los Premios Castilla y León, en su momento fueron debatidas, criticadas y hasta combatidas como es lógico y democrático. Aún así creo ha sido un acierto, mérito de todos, que continúen y se fortalezcan porque ya son patrimonio de nuestra Comunidad.