EL BAILE DELAHORCADO
Tiralevitas
Lo de Lancia ha resultado al final una astracanada en la que quien más quien menos no ha tenido más remedio que retratarse. La verdad es que nadie daba un duro por el yacimiento -«no tiene valor monumental», me cuentan que llegó a decir algún experto, más centrado en las Bellas Artes que en la arqueología que nos permite llegar hasta las fuentes- y, sin embargo, llegan doce hombres sin piedad y mandan reordenar el tráfico hacia Valladolid salvando ¿cómo era? «unos restos de características netamente suburbanas y de escasa monumentalidad». Lo único cierto es que aquí más de uno ha quedado como Cagancho en Almagro. Porque claro, que tú aquí votes por echar tierra sobre los vestigios y que tus jefes de Valladolid te desdigan tres meses después no deja de tener su aquel. Un aquel que demuestra que lo que ayer resultaba una insensatez, un disparate propio de ingenuos o románticos, hoy es, por mor de la estrategia política, una demostración de buen juicio y sensatez. Son los grises (me refiero al color), que lo emborronan todo. Pero, en todo caso, ya sabemos que la política es el arte del posibilismo, que cambiar de opinión con una simple sacudida de chaqueta ya casi no se nota en un país en el que hay más camaleones que nombres con los que llenar listas. En cualquier caso, y si bien es cierto que más de uno ha tenido que ponerse amarillo, también lo es que en la noble profesión de la política a veces hay que saber cómo tragar sapos y convertirse por unas horas en un pequeño Vellido Dolfos. La dignidad queda para los pobres. Lo más irónico de todo resulta comprobar que hay técnicos que no tendrían nada que ganar -buenas costumbres mediante- y poquísimo que perder y que, en cambio, venden su alma sin cambiar el gesto. Porque que el responsable de velar por la protección arqueológica de la provincia esté dispuesto a seguir los consejos de Herodías es demoledor. Pero es lo que pasa en España, que nunca pasa nada, que nadie se siente humillado ante sus propios desmanes y todo sigue igual, con personajes que pisan el lodo y siguen alzando sus hombros de bufón para sentir que no han perdido la honra. Tiralevitas y serviles...