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VICENTE PUEYO
León

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Tendrán que esmerarse los candidatos a las próximas elecciones del 22 de mayo. Algunos chips tendrán que cambiar si de verdad quieren conectar con las inquietudes que están dejando claras las encuestas. Lo que preocupa, por encima de otras consideraciones, es el paro, la grave situación económica que prolonga sus nefastos efectos más allá de lo soportable por millones de familias. Igual hay que revisar los programas y reflexionar sobre el tipo de iniciativas que, tanto en el ámbito local como en el autonómico, serían las más adecuadas para trabajar en el objetivo de la creación de empleo aunque haya que dejar en un segundo plano otras cuestiones que pueden dar lustre a la ciudad pero que pueden esperar.

La propia visita de Zapatero, prevista para mañana, suscita reflexiones en este sentido. Quizá León sea una de las pocas ciudades donde el presidente encuentre todavía el respaldo y el afecto de todos aquellos ciudadanos que reconocen el esfuerzo que se ha hecho en los últimos años. Aquí tiene los parabienes asegurados y, aunque ya se atisban nuevos tiempos, todavía serán visibles los efectos de ese tandem Zapatero-Fernández que es, con diferencia, el más valioso aval con el que se presenta el candidato socialista a los electores. Pero dicho ésto cabe preguntarse si Zapatero sería recibido con los brazos abiertos en muchos otros de esos ocho mil municipios españoles en los que una crisis, tan dura como deficientemente gestionada, se ha cebado con las expectativas de miles de familias sin que allí sea detectable su larga y benefactora mano como ocurre aquí.

Estamos, pues, ante unas elecciones en las que la situación económica lo envolverá todo. Ahí está la angustiosa situación de miles de pequeños empresarios a quienes niegan créditos los bancos que hemos salvado entre todos y cuyos inmorales dirigentes, en el colmo de la desfachatez, alardean de su saneada situación financiera... pese a todo. ¿Hasta cuándo? ¿Qué tipo de Gobierno inane es el que no hace nada para poner coto a estos hirientes despropósitos? Ahí está también toda esa inmensa legión de desempleados perdiendo cada día parcelas de autoestima. A ellos les importa una higa si su ciudad es la más hermosa, la más limpia, o la más sostenible, porque no son capaces de disfrutarla.

La gente está harta e indignada. Aunque falta capacidad de rebelión. Pero ya lo dijo Sábato: «Si nos cruzamos de brazos seremos cómplices de un sistema que ha legitimado la muerte silen ciosa».

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