EL CORRO
El doble vector del 22-M
Los primeros días de la presente campaña electoral han dibujado nítidamente las dos estrategias diametralmente opuestas diseñadas por el PP y el PSOE ante la próxima cita con las urnas. Fieles a su declarado propósito de convertir estas elecciones en una suerte de primarias de las próximas generales, los populares no apartan el foco de la política nacional, utilizando el deterioro de la economía y su peor exponente, el paro, como principales armas arrojadizas contra el PSOE.
Su intención primitiva de convertir el 22-M en una especie de plebiscito contra el gobierno Zapatero ha perdido fuelle después de que el presidente anunciara que no volverá a ser el candidato, pero ello no ha modificado sustancialmente esa estrategia del PP. Simplemente la ha reorientado señalando como corresponsables del fiasco de Zapatero no solo a todo su gobierno -en el que están los candidatos a sucederle- sino también a los responsables del PSOE en las comunidades autónomas (gobiernen o no) y a los alcaldes socialistas. A ojos del PP todos ellos son igualmente responsables de los casi cinco millones de parados existentes en España.
Frente a ello el esfuerzo del PSOE se centra en el vano intento de separar estas elecciones autonómicas y municipales del contexto político nacional. Admiten que muchos de sus antiguos votantes están decepcionados con el gobierno Zapatero, pero se les pide encarecidamente que no hagan pagar los vidrios rotos a los candidatos socialistas a los ayuntamientos y las autonomías y que esperen hasta las generales para ajustar esas cuentas. Ocurre que es metafísicamente imposible aislar la intención de voto en distintas bolsas como se le pide al ciudadano que haga para la recogida selectiva de los residuos urbanos.
De cómo se imponga uno u otro vector dependerán en gran medida los resultados electorales del 22-M. Si el votante se guiara exclusivamente por la gestión de Zapatero, la debacle socialista sería similar a la registrada en 1995, cuando el PP rompió el techo electoral en Castilla y León, sumando 50 procuradores, las alcaldías de las nueve capitales de provincia y por supuesto la presidencia de todas las diputaciones. Los sondeos publicados hasta ahora apuntan a que el elector no va a votar a piñón fijo lo mismo en las autonómicas que en las municipales. Indican que el desgaste de la marca socialista se va a dejar notar mucho en las primeras, donde el avance del PP parece imparable. No ocurre así en el ámbito municipal, donde el elector parece más dispuesto a votar en función de la gestión que presentan los actuales alcaldes, sean estos o no correligionarios de Zapatero. Ello permitiría al PSOE salvar los muebles en buena parte de sus actuales feudos municipales.