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NIEVES SALGADO. PERIODISTA
León

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Aunque extensivo también a educación, bienestar social y justicia, me detengo en un pilar elemental de nuestro Estado Social: la Sanidad. Siento la obligación de publicar mi gran irritación ante los cuidados establecidos en el ámbito de la Atención Primaria. La Junta de Castilla y León, administración competente en la materia, anuncia la necesidad de prevenir enfermedades, pero no facilita a los profesionales ni a los pacientes, los instrumentos necesarios para que tal propaganda pueda hacerse realidad. Siendo León la provincia más castigada por el cáncer de colon, ¿no han sido capaces de establecer los protocolos, para la realización de las colonoscopias que permitan su descubrimiento temprano y su curación en muchos casos?

Se puede acreditar con demasiada frecuencia un abandono sanitario cierto. En los Centros de Salud, existen ejemplos de ciudadanos con historias clínicas en las que aparecen antecedentes familiares de cáncer, enfermos crónicos, pacientes con riesgo cardíaco..., que tras muchos años de tratamiento eficaz o perjudicial (o sin él), no han sido revisados por especialistas, dotados de herramientas adecuadas pa ra la detección precoz o el proporcionado trato de la dolencia que corresponda. Incluso si el acceso a las prestaciones sanitarias disponibles se observa solo desde una perspectiva puramente económica, se puede comprobar que la racionalización del gasto es un factor despreciable para los gestores de la Sanidad. Una colonoscopia es mucho más barata que una intervención quirúrgica con su correspondiente recuperación, posible tratamiento de quimioterapia, radioterapia... y las constantes revisiones a las que deben someterse los afectados por el cáncer de colon. Insisto, en León, por encima de la media nacional.

Conozco un poco las instituciones y puedo asegurar como los gobernantes bien saben aunque no lo admitan, que no se gestionan debidamente los intereses generales. Hay demasiados políticos y demasiados funcionarios y trabajadores públicos innecesarios. Se contratan miles de personas para la administración en cualquiera de sus ámbitos y para sus, difícilmente justificables, sociedades públicas satélites sin misiones concretas, sin atribuciones útiles, sin competencias definidas. Se duplican, triplican..., actividades y salarios excusados, mientras el soporte del estado del bienestar: la salud, la educación, la justicia y los servicios sociales, se resienten porque «no hay dinero». Para los mandatarios parece que no es posible reducir el déficit público por ejemplo, mediante la apuesta por una administración bien dimensionada, en función de sus competencias y adecuada a las necesidades de los habitantes de su ámbito de acción. No he escuchado propuesta similar a ninguno de los gobernantes que en breve estrenará cargo.

Vivimos en un «Estado social y democrático de derecho» y sin embargo, la privatización, el «co-pago sanitario» parece siempre la primera, casi única, indiscutible y definitiva solución para disminuir el gasto público. Los derroches evidentes ni se cuestionan ni se eliminan, muchas veces se incrementan. Estimo que la gestión del dinero de todos, debería plantearse como el salario propio. Es limitado, por ello se debe dedicar a cuestiones prioritarias. Si un sueldo alcanza escasamente para comer, no será congruente comprarse un coche de lujo. Entiendo por tanto como esencial, la garantía de que los ciudadanos puedan vivir con dignidad, ser libres, estar sanos y ser cultos ¿o no es así? No alcanzo a imaginar la lista de intereses espurios que se acercan a las personas que ostentan el poder, pero me gustaría confirmar que el concepto griego de la política está presente en alguno de los que se dedican a la cosa pública, hasta el punto de transmitir un poco de sentido común en la gestión de los intereses de todos.

Me reconozco firme defensora de la política y de la «Democracia Real Ya». La entiendo como una actividad en gran medida altruista y gratificante, la gestión de lo público en beneficio de todos. No obstante, desde hace ya años advierto motivaciones muy distintas en muchas de las personas que aspiran a ejercer algún cargo público. No diferencio entre partidos políticos, porque al menos los representantes de las dos opciones mayoritarias, acreditan sobradamente la ausencia del interés general como guía básica en la toma de sus decisiones.

Creo que la actividad política debe estar bien remunerada (creo que lo está), pero es imprescindible que la gestión sea eficaz. Si las autoridades deben mejorar la vida de los vecinos, ¿por qué padecemos crisis económicas, por qué se cierran quirófanos en los hospitales, por qué hay carreteras en mal estado, por qué faltan profesores,-¦? Los problemas no se solventan, mientras los mismos dirigentes permanecen en sus puestos.

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Les ruego encarecidamente que eviten las negligencias que se repiten en demasía, por ejemplo, en la Atención Primaria Sanitaria. Hagan realidad su propaganda, cuiden a sus ciudadanos, los que les votan y los que sufragan sus gastos. Establezcan programas de prevención, contraten personal sanitario, recíclenlo, exíjanles y corríjanles cuando sea necesario, pero asístanlos, motívenlos para que hagan su trabajo como si todos fueran vocacionales, consigan que los pacientes puedan ir tranquilos a las consultas, porque se encontrarán con profesionales solventes y con los medios adecuados para mantener su salud, siempre que sea posible. Emprendan cuantas acciones sean necesarias para recuperar su prestigio. Y hagan lo mismo con la educación, el bienestar social y la justicia. Por favor, mantengan e l estado del bienestar público, alejado de los intereses particulares. No tienen derecho a privatizarlo, lo pagamos todos.