LA 5ª ESQUINA
Amalio y su andar en la verdad
Decía Salomón que donde hay soberbia, hay ignorancia y, por el contrario, a mayor humildad, más sabid uría. Es una reflexión compartida por los grandes pensadores a lo largo del tiempo, cuya conclusión más certera nos la dejó Quevedo para el que resultaba más fácil escribir contra la soberbia que vencerla, pues ésta es difícil de curar, sobre todo en España. En estos tiempos donde lo superfluo y la necedad asoman con frecuencia, la figura del fotógrafo ponferradino Amalio Fernández es un ejemplo de lo que santa Teresa de Ávila llamaba «andar en la verdad». Mientras caminamos sobre realidades virtuales, con el único deseo de almacenar cacharros inútiles, para Amalio la verdad estaba en la naturaleza y en el hombre, aunque incluyera en el precio defectos como la soberbia.
En las fotos de Amalio aparece siempre el ser humano. No solo para dar veracidad, sino para nutrir de alma sus paisajes. Niños, viejos o solitarios músicos abren la fotografía a su interior y le dan pasión y sentimiento. La mirada de este infatigable creador es curiosa, poética y testimonial de una atmósfera rural en declive y de una geografía urbana que camina hacia el anonimato de sus gentes. Su gran pasión por el paisaje le dirige, a mediados de los cincuenta, por el valle del Oza; por esa dorada Valdueza que termina en Peñalba, donde el artista encuentra su otra patria, su refugio filosófico y poético para disfrutar de la verdad que esconden las montañas. Y Amalio construyó un poema visual con las gentes de esta aldea; con esa última generación descendiente de Genadio el eremita, de aquel santo que, como Amalio, nunca dejó de sorprenderse con la luz de este rincón del paraíso.
La fortuna que nos lega Amalio no sólo es su extraordinaria colección de fotografías -que le valieron muchos premios, el cariño de sus coetáneos y el nombramiento de hijo predilecto de Ponferrada-, sino su ejemplo de humildad, cuya esencia describía en un verso de su extenso poemario: «caminante con ansias de esperanza, fue siempre mi fortuna y mi deseo». Con motivo de celebrar este año el centenario de su nacimiento tenemos un reto importante: conservar este fecundo patrimonio cultural y difundirlo para evitar ese olvido al que nos entregamos con frecuencia. La edición de un cuidado catálogo, con fotografías inéditas, es el comienzo de un reencuentro esperado entre los ponferradinos y Amalio. En estos días de victorias y derrotas, el ejemplo de su vida nos recuerda, como decía san Agustín, que «la soberbia no es grandeza sino hinchazón y lo que está hinchado parece grande pero no está sano»... Había que hacer algo.