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manuel alcántara
León

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S iguen propagándose sin que nadie les mul te por exceso de velocidad. Se conoce que sus conductores, al no tener carné, no temen que se lo retiren, ni que le seran restados de su pobre cuelta algunos de esos miserables puntos que se conceden. ¿Llamamos rumor al anticipo de una noticia? No siempre que se divulga un hecho es cierto, lo que obliga a reconocer que hay sucesos apasionantes que no han sucedido jamás. Un cínico dicho que circula desde siempre por las redacciones de los periódicos, que ahora se parecen a los sanatorios, advierte de que se debe impedir que la verdad le estropee a nadie un buen titular. Si el recién nombrado obispo de una diócesis, a la que llega con la mejor voluntad de mundo, le preguntan qué opinión tiene sobre las casas de prostitución, nunca debe responder: ¿Hay casas de prostitución? Al día siguiente algún periódico tendrá resuelto el sumario de su visita escribiendo en letras muy gordas que lo primero que hizo el prelado fue preguntar si en la ciudad había casas de prostitución.

Tienen la ventaja los rumores que oyen hasta las paredes más gordas y las tapias de los cementerios. La gente dice que dicen. Es lo de siempre: uno dice que alguien dice que escuchó decir, etcétera, y no llegamos a ninguna conclusión cierta A casi ninguna verdad.

Ahí se basan algunos rumores que andan en lenguas de la gente. Hace unos días se hablaba del análisis de sangre Ortega Cano, antes de que fuera analizada, y se daba por seguro que el torero estaba a tope de alcohol cuando sufrió la terrible cornada de la carretera.

También se rumoreó, a algunos años de su muerte, sobre si el gran Pablo Neruda pudo ser envenenado por orden de Pinochet. Y no hablemos de las especulaciones sobre la salud del rey. Muchas personas aseguran saber de buena tinta, pero de muy mala leche, cómo se encuentra don Juan Carlos cada día.

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Es curioso que los bisbiseos se escuchen con más atención que las noticias verificadas. Lo que le complace a los cotillas es llamar la atención y despertar la curiosidad. Dos cosas que nunca duermen. La primera porque está desvelada y la segunda porque no tiene cama.