AL DÍA
Mayorías absolutas
El pasado lunes, el miembro de la ejecutiva del PNV Andoni Ortuzar manifestaba a una cadena de radio que su partido prefiere que la formación ganadora de las elecciones generales del 20N no logre una mayoría absoluta para poder así «aprovechar» la legislatura próxima con objeto de conseguir un nuevo «estatus político» para Euskadi. «Hace falta ya poner al día la relación de Euskadi con el Estado», dijo, tras reconocer que los periodos de mayorías absolutas en Madrid han sido «negros» para el autogobierno.
Tales manifestaciones son de una conmovedora ingenuidad, pero expresan con una veracidad incuestionable lo que ha sido el desarrollo autonómico español, condicionado estrechamente por los equilibrios políticos en el Estado.
El proceso es conocido: el 31 de julio de 1981, Leopoldo Calvo-Sotelo, presidente del Gobierno, y Felipe González, líder de la oposición, acordaron los primeros Pactos Autonómicos, que ya dibujaban un mapa de 17 autonomías y dos ciudades autónomas, Ceuta y Melilla; fruto de aquellos acuerdos, en 1995, mediante otro pacto entre González y Aznar, se daría por cerrado el mapa de las autonomías a nuevas remodelaciones o ampliaciones. El desarrollo posterior ha sido desigual, ya que en tanto PP y PSOE fueron capaces de frenar del «plan Ibarretxe», no hubo consenso sino ruptura en la impulsión del Estatuto de Autonomía de Cataluña, aunque otras comunidades sí han adquirido a partir del 2004 desarrollos autonómicos semejantes mediante pactos más o menos tácitos entre los dos grandes partidos.
Pero durante todo el proceso democrático, las grandes conquistas periféricas sobre el Estado han tenido lugar en los períodos en que el gobierno de la Nación no ha dispuesto de mayoría absoluta: la etapa de Adolfo Suárez y Calvo Sotelo, la segunda parte del período de González, la primera legislatura de Aznar y las dos de Zapatero.
En estas etapas, nacionalistas catalanes y vascos han negociado las transferencias y su financiación en términos ventajistas cercanos al chantaje.
Así las cosas, las mayorías absolutas se han vuelto ambivalentes: la experiencia demuestra que cuando se producen, los gobiernos que emanan de ellas se vuelven autoritarios, inflexibles, arrogantes, y así lo entiende una mayoría de electores según diversos sondeos que lo atestiguan; sin embargo, las mayorías relativas desembocan en gobiernos más débiles que han de recurrir a pactos de legislatura que resultan muy onerosos para toda la sociedad. En la hora actual, el PNV está, como se ha visto, pendiente de lanzar un nuevo plan soberanista, en el que encontraría seguramente fácil sociedad con Bildu. Y CiU ya ha anunciado que aspira a formalizar un pacto fiscal, que es el eufemismo utilizado en Cataluña para designar el concierto económico, que actualmente, y tras el recorte del Estatuto, constituye su principal aspiración.