Diario de León
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antoniO papell
León

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La cercanía de las elecciones generales obliga a tomar en consideración la hipotética presencia de la izquierda abertzale en el Parlamento español. De momento, Bildu ya es legal, y no dejará de serlo si no se insta un improbable y complejo proceso de ilegalización sobre nuevas pruebas que persuadan a los tribunales de que existe colaboración entre la coalición y la banda terrorista. Y es prácticamente seguro que los radicales intentarán la legalización de Sortu, organización sucesora de Batasuna, en cuyo caso Bildu se desmembraría en Eusko Alkartasuna y a Alternatiba. Si Bildu (o Sortu) obtuviera en las elecciones generales un resultado equivalente al de las pasadas municipales, conseguiría hasta siete escaños en el Congreso de los diputados.

Esta expectativa, con ETA todavía viva, armada y muy golpeada pero todavía en condiciones de atentar, es sencillamente inaceptable. La condena explícita y convincente de la izquierda abertzale no sólo no se ha producido todavía sino que se advierte una relajación de aquel afán de agradar que tenía el mundo proetarra ante los demócratas cuando aspiraba a ser legalizado.

En estas condiciones, Bildu (o Sortu, si consiguiese la ilegalidad) sigue chantajeando al electorado, que tiene derecho a preguntarse qué ocurriría con ETA si los ciudadanos dejaran de votar a los radicales, o si los votasen en menor proporción que ahora. De la misma manera que ETA ha dejado estratégicamente de matar para conseguir que sus representantes políticos estén en las instituciones, podría ocurrir que los terroristas pensasen que presionando con asesinatos lograrían otros objetivos En definitiva, los electos de Bildu (o de Sortu, hipotéticamente) no sólo irrumpen en las instituciones con la fuerza de los votos sino también, y sobre todo, subidos en las bayonetas de los terroristas.

Afortunadamente, el PNV, por boca del soberanista Egíbar, ha dicho que no es posible pacto alguno con Bildu mientras ETA siga viva. Es una buena y sorprendente noticia porque con anterioridad el PNV sí aceptó los votos de la izquierda aberzale. Pero es claro que este rechazo plausible no resuelve el problema: la normalidad institucional vasca no se conseguirá mientras ETA continúe agazapada en la madriguera, exhausta pero amenazante, acosada pero terrorífica todavía.

PP y PSOE, que han conseguido excluir la cuestión vasca de su mala relación, deben conducir con prudencia esta cuestión, que probablemente pase por una nueva apelación a los tribunales. Y éstos no pueden ser insensibles a la evidencia de que la legalización de Bildu no ha precipitado el fin del terrorismo sino al contrario: los amigos de ETA parecen estar muy cómodos en la actual ambigüedad, subidos en la silueta de una ETA inactiva aunque sin descartar algún nuevo y terrible zarpazo.

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