LEÓNEN VERSO
La casta
Las voluntades se alistan en torno al interés de los partidos con la misma obsesión que por la línea recta tienen los borrachos o los que se empolvan la nariz con dinero ajeno. En León, desde que la oficina de propaganda de Rubalcaba tocó a rebato para hacer una fosa común con las diputaciones los reclutas pasan el río dispuestos a morir al abordaje del Palacio de los Guzmanes después de hincar la bandera del leonesismo en la playa del Pisuerga, mientras se autotitulaban gerentes de una IGP de leoneses agraviados por Castilla. Esos mismos son los que ahora se despiertan con el abajo la provincia en el campamento scout que han levantado en Botines. Cualquier cosa vale para evitar hablar de las hordas de parados que dejó el mismo gobierno que se daba banquetes de soberbia en el coche oficial y contribuyó a empujar a miles de familias leonesas al borde de la quiebra y de la ruina. A ver si en las vísperas del 20-N, delante de las urnas del revolcón de mayo, sostienen ese discurso de reordenación del territorio, si acaso envuelto con las teorías filocomunistas de la comarca como eje del mundo, un cuento tal que los koljós soviéticos en medio del horizonte estepario, o la fábula esa del consejo de sabios y alcaldes —que no tiene por qué ser lo mismo— cual chamanes de la tribu.
Uno que vuelva del exilio puede terminar por creer que la Diputación es el Ministerio del Desempleo y que en los bajos se reúnen los capos del narco mejicano. Si se trata de eliminar gastos, salpican las dudas; sobre quien sale más caro; si Carrasco, Artur Mas, Rubalcaba o el lendakari; sobre si gasta más el diputado del partido judicial del Páramo o el diputado en el Congreso que viaja de gañote a Madrid o va en primera clase a Estrasburgo; y si se lleva el debate a una tertulia escatológica se puede incluir en el asunto el tratado sobre el buey y los cien golondrinos.
Y puestos a quitar gastos y atacar el clientelismo, se ofrecen gafas de madera sobre esos despachos kilométricos de la administración autonómica (regional, según quien) donde los funcionarios con encargos de confianza hacen y deshacen a gusto de interés y amiguete. Una vez superado ese capítulo de prebendas podríamos hablar de si la Justicia debería intervenir para evitar los abusos de esa casta de privilegiados, bramanes de Castilla.