Diario de León

AL DÍA

La conciencia de los ricos

Publicado por
FÉLIX MADERO
León

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Leo en la web del Nouvel Observateur la carta que un grupo de multimillonarios ha escrito y en la que piden pagar más impuestos.

Siguen el ejemplo de otro, Warren Buffet, que ha sentido en su interior un golpe solidario tras dudar durante años de la veracidad de informaciones que hablaban de desharrapados, marginados, parados, discapacitados abandonados, viejos sin familia, niños sin infancia, guerras Fue leer la carta y entrar en un estado de ánimo en el que sin fisuras vuelvo a creer en el ser humano, en su grandeza y generosidad. ¡Noten la ironía, por favor! Un desprecio nada comprometido es lo que siento por ellos.

No deja de ser una caprichosa casualidad que la lista de los multimillonarios esté encabezada por la dueña de L´Oreal, Lilian Bettencourt. Capricho de la casualidad porque el gesto es puro maquillaje, cosmética para unos tipos que acusan recibo de que hay crisis. En realidad lo que tienen estos multimillonarios, -»contribuyentes más favorecidos» se califican ellos mismos: ¡Hay que tener valor!-, es miedo; un miedo que se instala en la piel y les lleva a la ansiedad de los números, a la destreza de una realidad habitada por seres humanos que van sabiendo, y asimilando, que hay demasiada trampa en el mundo. Y que dura demasiado. Conozco pocos ricos, lo que es un don que se me da gratis y recibo con gozo y gratitud. Digo ricos, que ya se sabe que una cosa es tener dinero y otra ser rico. Los pocos que conozco me son indiferentes. Alguno he tratado que viene de la nada, otro de las tinieblas. Cuando no tenían nada, deseaban. Cuando tienen, temen.

Mal negocio cambiar el deseo por el temor. No nos engañemos, en el deseo de pagar más hay otro superior que tiene ver sólo con el de mantener sus grandes patrimonios. ¿Hay más pobres, más castigados por la crisis ahora que hace tres años? No, claro. Hay más temor y vértigo, seguramente. Qué curioso, ahora que escribo, -vaya con el juego de las casualidades-, Enrique Urquijo canta eso de ayúdame y te habré ayudado.

Hay otra clase de riqueza que nada tiene ver con el dinero. Los libros leídos y los que faltan por leer. Amistades que llegan a tu vida milagrosamente y te hacen feliz; amigos que te hablan de un libro que te hace sentir millonario sin necesidad de ver el extracto del banco; la seguridad de que, por ejemplo, Italo Svevo escribió La conciencia de Zeno, que ahora leo, pensando en mí. Esa riqueza no precisa de gestos como el de los ricos: por suerte está al alcance de muchos que jamás los envidiarán. Descubrir esto es descubrir la vida, su hondura y grandeza. Quevedo habló de lo mismo pero en otros términos cuando se preguntó: ¿Quien hace de piedras pan sin ser el dios verdadero? Y respondía: El dinero. De mi estos que no esperen las gracias. Un ruego: Tengan la decencia de maquillar bien el donativo.

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