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León

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El adelanto del IBI

La oposición en el Ayuntamiento de León ha protestado, con toda razón, porque se ha adelantado a septiembre el cargo en cuenta del recibo del impuesto de bienes inmuebles que, al parecer, se esperaba que hubiera sido cobrado en octubre. Siendo así las cosas, es probablemente muy cierto que buena parte de los contribuyentes que domiciliaron el cobro del correspondiente recibo, se hayan visto sorprendidos en su buena fe al ver cómo, sin previo aviso, se ha efectuado un cargo en su cuenta con el que, tal vez, no contaban en el momento en el que ha sido hecho. En las actuales circunstancias, en las que muchas familias se ven obligadas a controlar cuidadosamente sus gastos, es posible que dicha actuación del consistorio haya causado —o pueda causar— algún perjuicio a quienes han confiado en su buen hacer y por ello, aquél debería dar las correspondientes explicaciones y también, pedir disculpas serias, lo que significa no sólo darlas —lo que es bastante fácil— sino, especialmente, poner los medios para que no ocurra otra vez nada parecido y en su caso, reparar el perjuicio que se hubiera podido causar. No hacerlo así demuestra poca consideración y respeto a quien se ha causado perjuicio.

Nada que objetar a la actuación del ejercicio legítimo del deber de la oposición que es, entre otros, el de denunciar casos como el descrito en el párrafo anterior. Pero a continuación, y sin que ello sirva de pretexto para justificar la acción del Ayuntamiento, hay que decir que la actual oposición ha dejado, según ha podido leerse en el Diario de León de los últimos días, una deuda de cerca de 400 millones de euros que los leoneses tardarán en pagar del orden de 20 años. Sin olvidar que parte de esa deuda pueda proceder de ejercicios anteriores, bajo la responsabilidad, por tanto, del partido que actualmente gobierna el Ayuntamiento de León, es de sobra conocido por la ciudadaníaque el anterior equipo de gobierno municipal se embarcó en gastos para los que no consta que consultara a la ciudadanía sobre las consecuencias que tales inversiones acarrearían. El firmante ya no espera la llamada de la secretaria del anterior alcalde —amigo, por más señas, de la juventud— para hablar del tranvía de León. Y es que se había comprometido a hacerlo. Como se ve, los ciudadanos se encuentran, con demasiada frecuencia, inmersos en situaciones como la actual, en la que tanto el partido gobernante como el de la oposición parecen competir en la realización de conductas, cuando menos, poco respetuosas con los ciudadanos que son los que, a fin de cuentas, y siempre, pagan sus errores. Sería de esperar que la crisis de valores, que es la que, en opinión del firmante, está en buena parte, en el fondo de la delicada situación económica que vivimos, sirva para la reflexión de todos quienes tienen responsabilidades públicas, esto es: gobierno y oposición, y no sólo en el Ayuntamiento, sino también en los restantes organismos públicos, para que cada uno de los cargos públicos haga su trabajo pensando en el bien de los ciudadanos, y no en el suyo. Y los ciudadanos, a emplearse en su no menos importante deber de hacer saber a los políticos qué es lo que quieren de ellos, por los medios pacíficos que tienen a su alcance. Veremos.

Miguel Celemín Matachana, ingeniero de Caminos Canales y Puertos. Profesor de la Universidad de León. LEÓN

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