LA GAVETA
Ruina capitalina
El Ayuntamiento de León debe más de 400 millones de euros. Y el de San Andrés del Rabanedo supera los 70. Cifras que, unidas, suponen casi el 90% de toda la deuda municipal de la provincia.
En San Andrés el marasmo es achacable en exclusiva a los dirigentes socialistas, pero en León PP y PSOE se reparten la culpa. Aunque parece que los últimos cuatro años del socialista Francisco Fernández han sido particularmente pródigos.
Los ayuntamientos 1 y 3 de la provincia están en quiebra. Ello contrasta con los datos del ayuntamiento 2, que es Ponferrada. Cuyas cuentas están mucho más equilibradas. La capital del Bierzo, que triplica a San Andrés en población, tiene una deuda que supone la mitad del alegre consistorio del alfoz leonés.
En cuanto a la comparativa entre León y Ponferrada, el resultado es demoledor: León tiene una deuda quince veces mayor que la ciudad del Sil y del Boeza. Una deuda que se pagará, como poco, en veinte años.
En León y San Andrés se ha gestionado el dinero público con una ligereza sensacional. Sin embargo, en Ponferrada, una ciudad que no deja de mejorar en todo cada día, el déficit se mantiene en parámetros mucho más manejables. León y San Andrés también han mejorado mucho, es evidente, pero el precio es inenarrable.
Y todavía hay más. Me refiero a un mundo menor pero muy querido por la gente: el del fútbol. La Cultural lleva muchos años instalada en la bancarrota, y ha descendido a tercera por su incumplimiento masivo de obligaciones. El que fue club de postín, el que llegó a jugar en primera, vive ahora en la desventura de enfrentarse un domingo al peligroso Iscar, otro a la Virgen del Camino, un tercero al temible Rácing Lermeño y así. Y a todo esto sin ser capaces de aguantar el tirón del formidable Villaralbo, que va de líder.
Pues bien, frente a esa hecatombe leonesa, la Deportiva tiene fama en toda España de ser un club serio, de los que pagan siempre, de los que cumplen con lo que firman. Que eso le haya costado descender dos veces de segunda es más que probable, pero antes que la sinrazón del derroche está la razón del rigor contable. Que establece que hay que administrar bien el dinero de los socios. No digamos el de los ciudadanos.
Sorprende que León sea símbolo de despilfarro y Ponferrada de contención. Porque la fama de gastadores la teníamos los bercianos. De manirrotos, díscolos y presumidos. No sé de dónde vendrá esa fama, pero lo que importa es que el dinero del común se administra mucho mejor en las orillas del Sil y el Boeza que en las del Bernesga y el Torío. Y ahora nos toca el Real Madrid en la Copa del Rey.