León

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Desde 1976, ETA ha asesinado a 21 leoneses. Pero con el terror no caben estadísticas, una sola víctima es un infinito. Alguna vez les he hablado ya aquí de mi amigo vasco. Tenía conmigo la confianza para dejarme sus mejores cuadros si los necesitaba para una exposición, y siempre lo hizo sin pedirme resguardo alguno. Con confianza absoluta. Sin embargo, tardó años en decirme dónde vivía y a qué se dedicaba. No era por recelo hacia mí, sino por prudencia, pues vivía en una sociedad con miedo al terrorismo etarra. De hecho, él mismo viviría años después la presión de tener una hija concejal de PP en el País Vasco. Por cierto, era nieto del gobernador Regueral, asesinado en León antes de la guerra civil, unos dicen que por Durruti, otros lo niegan. Fuera o no, recuerda que un pariente de este pidió en Bilbao perdón a su familia. Al contármelo, no había rencor alguno en sus palabras.

Perdonar es una de las posibilidades más enigmáticas de la condición humana.

El gran misterio. ¿Se puede perdonar a quien no sólo no te está pidiendo perdón sino que considera que no hay nada de lo que haya que ser perdonado?

Sí, pero no puede ser impuesto por decreto, pues es una decisión íntima.

Puro cristianismo. Y ETA no ha pedido perdón con su comunicado de abandono de la lucha armada. Simplemente, proclama: «Oye, hacedme un hueco, que lo dejo». A muchos esto les hará sentirse más seguros, pero sigue siendo muy insuficiente respecto a todo lo demás. No hay alusión al dolor provocado, ni arrepentimiento, ni brizna de autocrítica. Nada. Siguen primando lo suyo.

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Pese a la reticencia que nos provoca el insípido texto, y los encapuchados que lo leyeron, el perdón sigue siendo la gran fuerza dialéctica para salir de situaciones aparentemente insalvables, pues, en efecto, ni siquiera concederlo depende de que haya sido solicitado. Pero ha de ser compatible con la justicia y la ética. En el caso vasco ¿también habrá memoria histórica? Debe haberla. Hoy lo único que podemos asegurar es que ETA quiere, como Michael Corleone en la tercera parte de El Padrino , legalizar su imperio de horror. Y además que lo suyo le salga gratis. ¿Cabe más perversidad? La esperanza es legítima. La ingenuidad, una irresponsabilidad.