León

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La Junta de Castilla y León quiere que sus funcionarios y personal laboral que ejercen la política sin dedicación exclusiva cumplan con los horarios laborales que establece la ley. Lo aplaudimos. El socialista José Giménez considera que esta debería aplicarse con flexibilidad. «A mí me han llegado a pedir justificante de haber asistido a una tertulia», alega. Hombre, don José, hablando se entiende la gente, cierto, pero las tertulias deben tener lugar fuera del horario laboral, sobre todo las que son con tapa y partida de chinos, y doy por hecho que estas últimas no son su caso. Lo importante de la ley es su espíritu, pero toda elasticidad ha de tener un límite, pues si estiras demasiado se rompe el ectoplasma. El problema, lo hemos recalcado aquí en otras ocasiones, lo crean quienes confunden ajetreo con trabajo, pues no se trata de lo mismo. Ajetreo es no parar, actividad estresante, pero que resulta muy poco productiva, pues si no paras, si no estás ¿cómo puedes sacar adelante los temas que te corresponden? Giménez añade: «A este paso los únicos que van a poder dedicarse a la política son los ricos». Eso si la crisis deja alguno, claro. En política, todavía es posible entrar con gafas y salir con monóculo.

La superación de los problemas económicos que nos afectan conlleva también modificar pautas laborales erróneas. Y los políticos, o sobre todo ellos, son quienes con su ejemplo deberían liderar esos cambios. A lo mejor, ha llegado la hora de mirar con humildad a Europa y observar cómo consiguen otros ser más productivos. A lo mejor, la política no necesita más dedicación, sino mayor precisión. A lo mejor algunos deben desperezarse antes.

La iniciativa chocará con privilegios arraigados. Pero no puede haberlos cuando es el sistema público el que peligra. Para ser europeos hay que europeizarse. ¿Europeizar España, españolizar Europa, como pidió Unamuno? Quizá, además debemos japonizarnos un poco, sin dejar de ser nosotros. Funcionarios y personal laboral que ejercen su actividad política sin exclusividad deben dar ejemplo. Lo contrario sería aferrarse, como el personaje de Lampedusa al sórdido «Que todo cambie para que todo siga igual».Y España necesita cambios, no espejismos.

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