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PEDRO RABANILLO
León

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Si con la llegada de Zapatero a la Presidencia del Gobierno pusimos un hito en la historia política de España, han de ser al menos dos por su dilatada permanencia en la Moncloa y en número ilimitado por la triste salida del «sagrado recinto».

Espero entiendan que no queremos seguir haciendo mas leña de su árbol del talante. Pero sí incidiremos en responsabilizarle de aquello que sólo él, usando de su adolescente imaginación fue incapaz de adecuar, en el ejercicio de su gestión, a las exigencias que demanda tan relevante cargo.

Nos referimos en primer lugar a la estúpida elección de los sucesivos gabinetes ministeriales. Tanto ellas como ellos producen escalofríos al constatar su ineptitud y tratar de explicar los errores de su infausto y desafortunado ejercicio. Nunca los ciudadanos/as de este país hemos tenido conocimiento de ningún consejo que paliara las desafortunadas ideas que con frecuencia presentaba el visionario presidente. Por contra, le animaban a seguir por la senda del desvarío con el ánimo de ganarse las mercedes de tan generoso mentor. De ahí los despropósitos que a lo largo de las dos legislaturas vieron la luz: Alianza de Civilizaciones, Memoria Histórica, Ley del Aborto, asignatura de Educación para la Ciudadanía, negar la crisis económica, y cómo no, la «joya» de su talante, autorizando los matrimonios homosexuales.

En cuanto a la participación de otros elementos difíciles de entender que han alentado su pésima gestión, destacamos la connivencia de Instituciones muy significativas: sindicatos, administración de Justicia y medios de comunicación.

De los sindicatos queda muy claro que lo que menos preocupa a sus dirigentes es el estado del bienestar de sus escasos afiliados y resto de ejercientes laborales. Si acaso solamente de aquellos llamados liberados, que como los mandamases, viven del sudor de los auténticos trabajadores y de las subvenciones que los distintos Gobiernos injustamente les vienen proporcionando. Observen cual es la postura de estos insólitos representantes, que ante una desgarradora crisis económica con cinco millones de parados, convocan huelgas y manifestaciones exponiendo reivindicaciones imposibles, eludiendo la tan necesaria colaboración con la administración, obedeciendo consignas subversivas de carácter político, por aquello de que las ideologías han de ser distintas y distantes entre sí, dejando constancia de que para ellos es preferible la ruina del país antes de aceptar que quienes puedan arreglar el desaguisado tomen las riendas del Gobierno y sean capaces de echar a andar la ansiada recuperación.

De la Justicia, siendo la principal virtud del calendario moral, resulta comprometido lanzar dardos de desacuerdo sobre la actuación de sus profesionales, que a nuestro modesto entender no cumplen debidamente con los criterios y principios que en su esencia imponen las leyes. Nos referimos a los sorprendentes fallos de carácter administrativo y social que se vienen produciendo, y en los cuales los profesionales inclinan sus decisiones para favorecer lo que en la sociedad entendemos como «sentencias dirigidas», perjudicando a ésta en general y a parte de la ciudadanía en particular, que confiada acude a pedir socorro por las graves afrentas recibidas. Este modesto ciudadano, con casi nula preparación al respecto se pregunta: ¿cómo es posible que jueces y fiscales dirijan su ánimo a juzgar y a sentenciar, sabiendo que en estos actos se juzgan a sí mismos, pidiéndoles cuenta sus conciencias, de modo que no pueden dormir tranquilos al ejecutar una sentencia condenando o absolviendo a quien no lo merece y colocándose por tanto a un nivel de mayor coste moral que el que ha cometido el delito? Es posible que este criterio de exposición cuasi panfletaria, debido a la ignorancia de quien lo suscribe, sea tornado como desacato y falta de consideración a esa institución. No es así, ya que siento el máximo respeto por este colectivo de profesionales, que en su mayoría cumplen con rigor tan excepcional cometido.

Cuando en este trío de instituciones colocamos a los medios de comunicación, no es con el ánimo de «matar al mensajero». Nos referimos a una parte de los profesionales, si es que lo son, que por ignorancia u opacidad intelectual hayan ayudado con sus teorías a los devaneos del insólito presidente, y a la insufrible confusión de los ciudadanos/as, aguantando sus intervenciones tanto en las tertulias radiofónicas y televisivas, como en las columnas de prensa de sus respectivos medios, dando rienda suelta a un sectarismo mas allá de lo que en el ámbito de la inteligencia pueda prestarse a tal aberración. No faltan ejemplos, de los que escogemos algunos que por su importancia y repercusión merecen mención especial, dada la influencia que al menos teóricamente tuvieron en el desenlace de las pasadas elecciones generales. Es muy posible que en concreto sin un puntual evento los resultados hubieran sido más ajustados. Nos referimos al famoso debate televisado entre el señor Pizarro y el señor Solbes, por la deriva económica que comenzábamos a sufrir, y que inconscientemente en las primeras planas de los medios, al día siguiente, reflejaron un rotundo triunfo de los falsos planteamientos del entonces ministro de Economía y Vicepresidente del Gobierno, y que hoy se constata bien como un error o como una manipulación y falsedad imperdonables.

En cuanto a los debates habidos en el Congreso de los Diputados entre el presidente y el líder de la oposición, más de lo mismo. Es difícil encontrar alguno en el que la oposición saliera airosa según el criterio de los llamados «independientes», pronunciándose con razonamientos ambiguos, rayanos en la hipocresía y el cinismo, más que en la independencia y la verdad que debieran presidir esas opiniones.

Este sincero criterio de quien lo suscribe, obedece a clarificar que la actuación del presidente, considerada muy errónea debe atribuírsele no como responsable único, sino reservando una marcada culpabilidad a quienes apuntamos en este modesto escrito y, a una serie de inconscientes y malintencionados que con criticas desaforadas a la oposición, le hicieron concebir que el talante con el saludo a su llegada era la panacea que al estilo de don Quijote —salvando las distancias— curaría la imaginaria enfermedad del sistema.

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Como colofón, me reitero en lo expuesto, pero soy consciente de que si en general ese es el resultado, a nivel particular y en cuanto a León se refiere, el presidente ha hecho una aportación considerable por las mejoras realizadas, amén de las que deja en proyecto y en fase de ejecución. Por tanto si de bien nacidos es ser agradecidos, este humilde ciudadano agradece y felicita al amigo José Luis en este aspecto, esperando que leonesas y leoneses sean también considerados.