Diario de León
Publicado por
MIGUEL Á. VARELA
León

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Hace ahora un año, Alberto Fernández Torres pronunció en Sevilla la conferencia inaugural de Mercartes, un espacio ferial y comercial generado por las empresas productoras de artes escénicas y la Red Española de Teatros. Fernández Torres es un caso raro en el ámbito de la investigación y el ensayismo escénico de este país. De formación económica y empresarial, compagina su trabajo ejecutivo en el área de estrategia y comunicación de Endesa con una intensa labor de estudio e investigación del hecho teatral desde el punto de vista socioeconómico, tan necesario y tan ausente en el corpus teórico de la escena española. Fernández Torres es además un excelente comunicador, lo que supone un valor añadido a sus fundamentadas opiniones.

Hace ahora justamente un año, Torres nos advirtió en Sevilla que «las políticas de reducción presupuestaria se han aplicado en nuestro país con un año largo de retraso respecto de otras economías desarrolladas, por lo que sus consecuencias más contundentes —especialmente, en el ámbito autonómico y municipal— se notarán con mucha mayor intensidad a partir de ahora». Su planteamiento suena doce meses después a profecía que se está cumpliendo al pie de la letra y que dibuja un panorama que viene a instalarse en el mapa nacional de la acción cultural. Eso también lo explicó el conferenciante en Sevilla: «lo correcto no es pensar que el futuro mejor o posible del sector es una vuelta al pasado, sino que el futuro ya está en este presente».

Creo que buena parte de los que escucharon aquella intervención no han acabado de asimilarla hasta ahora, cuando el sector se enfrenta al reto de generar un nuevo modelo de funcionamiento con unos recursos públicos que serán irremisiblemente más escasos. A los enormes recortes en el ámbito cultural se suman los impagos acumulados por la administración y el amateurismo político, pródigo en aplicar soluciones mágicas donde debiera imperar el rigor profesional.

Poca luz arroja a este panorama la lectura de los programas electorales de los principales grupos políticos que, además de palabrería sobre la importancia del sector cultural español, apenas aportan medidas concretas y centran sus propuestas en el complejo y productivo mundo de la propiedad intelectual y sus desafíos en la era digital. Los dos grandes partidos coinciden en incidir en el mecenazgo como recurso financiero para la cultura, una propuesta nada novedosa que de ninguna forma puede sustituir a medio plazo el apoyo público.

El sector de la cultura vive un momento de incertidumbre que amenaza con llevar a la ruina lo trabajosamente construido en las últimas tres décadas. Y no sé si somos conscientes del coste que supone recuperar una ruina.

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