EL RUBICÓN
La que faltaba
Estaba cantado. Lo tenían todo diseñado desde el mismo momento que llevaron a su partido a la peor derrotada que ha sufrido en León en muchos años, desde aquel fatídico 1996 con el gran Felipe González, que ahora resucita Rubalcaba y que lo único que trajo para León fue el agua de Riaño.
Primero fue el secretario de desorganización, al que nada le importó el descalabro electoral, quien se colocó como portavoz en el Diputación provincial, la misma que ahora se quiere cargar su partido y no ha dicho ni esta boca es mía. A su rebufo llevó a otra de las grandes culpables de la situación del PSOE: la ex alcaldesa de San Andrés, que tiene el récord, no reconocido por el guinnes, de dilapidar en poco más de tres años una holgada mayoría absoluta de casi tres concejales.
Mientras, un tranquilo Francisco Fernández se hacía con la portavocía del Ayuntamiento a la vez que amasaba la que sería la madre de todas la prejubilaciones. Él se fue, dimitió, pero lo hizo de boquilla y con lágrimas de cocodrilo, como lo demuestra el hecho de aún hoy, 13 días después de anunciar su marcha, no haya presentado su renuncia ni en el Ayuntamiento ni en el Consejo de la Caja. Se fue del partido y porque lo obligaron. Entre medias, María Rodríguez, por arte de birlibirloque se hace con un puestín en la Universidad de León, eso sí para cubrir una baja.
Pero la cuadratura del círculo ha venido del Bierzo, más concretamente de Compostilla. Allí se asienta la Ciuden y allí sentará sus reales la vicesecretaria provincial del partido, o lo que es lo mismo, la número dos del PSOE de León —ahora ya no porque hay gestora— para encargarse de un puesto trascendental: técnico de Relaciones Institucionales del proyecto Research & Dialogue. ¿Ustedes saben lo que es? Pues yo tampoco, pero lo peor es que ella, menos, y quien la nombró, todavía menos.
La pobrina se había quedado sin nada, ¡cómo iban a permitirlo los suyos! Ahora ya tiene sueldín a razón de 32.000 euros al año, y todavía alguno dice que no es tanto. Que se lo pregunten a los casi 40.000 parados o a ese padre que no llega a final de mes.
¿Y Óscar López? En Valladolid o en Segovia o en Madrid, vaya usted a saber. Vino, dejó al desorganizador para dirigir la campaña y se fue. Y ahora calla ante tamaña fechoría perpetrada con nocturnidad y sin vergüenza. Pobres José Antonio Alonso y Nicanor Sen.