AL TRASLUZ
Razones de lobo
En el bosque de la política, también hay que escoger entre hablar o aullar. La Junta de Castilla y León, a través del consejero de Fomento y Medioambiente, Antonio Silván, ha alcanzado un acuerdo para subvencionar un seguro que mitigue los daños económicos que provocan los ataques de los lobos. Sobre lo acertado de dicha medida hay diversas valoraciones, dependiendo de a quién se le pregunte, pero parece un paso importante para tan difícil problema. El lobo actúa siempre como tal y no cabe esperar de él que se comporte como un gato de Angora. Si hay un político cuyas dotes diplomáticas podrían convencerlos, en caso de ser ello posible, de que deben modificar sus hábitos gastronómicos, no hasta hacerse vegetarianos, pero sí algo menos carnívoros, ese es Silván. Pero hasta el mayor poder de convicción tiene un límite. En el Libro de la Selva estos animales se reúnen para deliberar en el Consejo de la Roca, y se rigen por un código de seis principios. Los de nuestros montes, admitámoslo son algo más cazurros. Hay que pensar por ellos.
Todos nosotros, sean nuestros orígenes rurales o lo sean urbanos, hemos atravesado la infancia con un «érase una vez…», donde aparecían lobos feroces y bosques laberínticos. Más aún, hoy España padece un miedo colectivo al lobo de la crisis. Pero esta vez no se trata de sombras en la pared, que una madre disipa corriendo la cortina para que entre la luz. Este no desaparece con un colorín colorado. Lo dijo Kipling en la última línea de su célebre obra; «eso, lector, ya es otra historia».
Silván ha trabajado intensamente por ofrecer soluciones a esa difícil convivencia entre hombres, lobos y ganado. No siempre para armonizar intereses enfrentados basta con buena voluntad. Aún queda por hacer. Y esta crisis que padecemos también es consecuencia de olvidar todo aquello que la naturaleza nos advertía: si rompes un equilibrio, provocarás consecuencias.
Los ganaderos tienen razones, el lobo tiene también las suyas. Silván, consciente de que estaba ante una verdad poliédrica, ha evitado los maniqueísmos en un tema en el que era fácil caer en ellos. En efecto, Mowgli lo tuvo más fácil, él conocía las razones de los lobos, pues se las comunicaron ellos mismos.