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margarita torres
León

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Felices fiestas, amigos lectores. Espero que Nochebuena y Navidad hayan sido la antesala familiar de esas Nochevieja y Año Nuevo, más paganas, en las que se juega al desmadre después de la excusa de la cena con los parientes que ves cada año.

Cuentan los de la Unión de Consumidores de Castilla y León con sus cifras, que la previsión del gasto medio navideño de cada habitante de esta autonomía rondará los 692 euros. Como siempre, los leoneses somos pobres hasta para las previsiones, o nos llueven las tortas navideñas hasta en eso, pues nuestro bolsillo, según semejantes estadísticas, rondará los 530. Dicen los sabios de los números que en comidas y cenas derrocharemos por barba 184 euros y en lucir telas de pendones por las calles unos 152 del ala por ciudadano.

No creo que metan la gamba quienes apuntan semejantes cantidades, aunque con ellas no puedes dejar de pensar cómo hacemos el besugo los unos y los otros. O qué fondos sin fondo reservan las gentes de la tierra para gastos extraordinarios…o estrafalarios, para decorar las mesas a lo Judit Mascó en la bandeja hortera de los bombones dorados, o cenar esos mariscos que no sabes si comerles los ojos o los pelos de las patas para no dejar ni los tubos gástricos del bicho sin parecer menos fino que el pariente de ciudad que ha refinado el pueblo sobre maneras protocolarias de cuestionable valía.

Besugos, sí, porque ya es echarle narices que, con la que está cayendo, sigamos demostrándonos los unos a los otros que unas lentejas con turrón, o un buen cocido navideño acompañado de dulces alicantinos diversos, es menos elegante que los comistrajos minúsculos de platos decorados con salsas de colores indescriptibles, que aparecen en las revistas del colorín y que tratamos de copiar junto con la mesa recargada de cubiertos que hay que limpiar cada año para desempolvarlos, tan común es su uso por el paisano medio.

Pero si hay algo que me pone los pelos como escarpias es comparar lo que soltábamos del bolsillo hace cuatro años y ahora. En el 2007 cada leonés o leonesa mediaba los 822 euros, que es más que el sueldo de muchos hoy bien pagados y pensionistas, el doble de los minijobs obreros del mañana. Si multiplicamos por el padre, la madre y los churumbeles, a una media de pájaro pinto y medio, la suma espanta.

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A lo mejor va siendo hora de recuperar eso tan castizo del contigo pan y cebolla, de las tradiciones navideñas auténticas para los cristianos, del bebencio en familia y la comilona sin extravagancias para el resto. Reencontrarnos con nosotros mismos, con la familia de verdad, con Dios si se es creyente, sintetiza mejor la esencia de estos días que la competición absurda de despilfarro y la mirada snob del langostino. Verán cómo el terrible 2012 seguimos derrochando. Manda…