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EX CORRESPONSAL DE prensa en ASTORGA
León

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Querida Maite Almanza, querida Maitetxu: Cuando recibas esta carta ya estarás instalada en el cielo. Por eso mando la misiva con el sello de urgencia de una oración susurrada. En bisbiseo. Casi en silencio.

Hoy mi canción seguirá siendo en castellano, porque nunca pude aprenderla en aquel vasco que tu me entregaste un día, «por si quieres llegar a las raíces del maestro Francisco Alonso, que así se llama su autor». Era parte de aquel ramalazo vascongado de tu niñez, de tu paso por Baracaldo. Maitetxu mía, mi Maitetxu, compañera de letras y esperas, de informaciones y cuitas, de fotos y grabaciones ha muerto.

Cuando me dio la noticia Martín Martínez se me rompió otro cacho grande del alma. De ese alma que tú decías era inmensa, grande como era yo. Pero que si siguen cayendo amigos, los mejores, mermará hasta la extenuación.

La última vez que hablé contigo fue para felicitarte por el nacimiento de tu hijo, sin conocer aún que habías ya comprado el billete de este viaje sin retorno.

Después, cosas de la jubilación, unos días por otros, mis llamadas quedaron en intenciones, sin saber nunca que habías iniciado otro embarazo terrorífico, otros ocho o nueve meses que te han llevado al otro lado del espejo. Un día de Nochebuena. Entre congojas y parabienes, entre ósculos de paz sin esperanza.

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Ha muerto Maite Almanza. Una mujer buena por donde quisieras mirarla, junto a la cual aprendí, aprendimos juntos a querer Astorga, mientras relatábamos al unísono, para periódicos distintos, el quehacer de la ciudad. Descansa en paz, Maitetxu. Mientras que tu recuerdo pretende quedar intacto entre tus amigos, entre tus padres y compañero, entre los que te quisimos. Amén.