León

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El anuncio del ponferradino Manuel Cobo de su renuncia a ocupar la Secretaría de Estado de Justicia al considerar que no es la persona idónea ha generado mucha perplejidad en los mentideros políticos a nivel nacional. No es habitual oír a alguien afirmar que no se siente capacitado para ocupar un cargo público y más después de contemplar el abrupto panorama de recientes ministros o si se repasa la lista de alcaldes y concejales de una provincia como la de León.

Quizás haya más fondo en el asunto —se acabará sabiendo— sobre lo que ha ocurrido con un Cobo que ha ejercido de todopoderoso número dos a la sombra de Alberto Ruiz-Gallardón.

Dice un buen amigo mío profesional del deporte que nunca ha visto una casa construida por once arquitectos y cuestiona si se mantendría en pie si alguien lo intentase alguna vez. Usa este argumento para defender la necesidad de que existan roles, papeles concretos para que la maquinaria funcione.

En la política española hemos tenido muchos ejemplos de verdaderos artistas en el mundo de la fontanería, de números dos que han sido brillantes realizando precisamente el papel menos brillante. Es probable que Felipe González no habría sido el mismo sin Alfonso Guerra, ni Aznar sin Álvarez Cascos, ni Ruiz Gallardón sin Manuel Cobo...

En boxeo hay un momento en el que al grito de «segundos fuera» se salen del combate todos los colaboradores y quienes se parten la cara son los primeros espadas. Ocurre igual en ciclismo con los gregarios. Pero en política, especialmente en las guerras internas de los partidos, pasa todo lo contrario. Al grito de «primeros fuera» todo queda en manos de quienes realmente se parten la cara, como le ha ocurrido a Cobo en varias ocasiones. Quizás por ello a Mariano Rajoy no le apetecía que en un equipo de gobierno que pretende exhibir tan limpio y aseado figurase un hombre marcado por evidentes cicatrices que le han dejado las batallas libradas en nombre de su señor.

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Cada uno tiene su lugar natural y cuando el fontanero político es elevado al altar surgen los problemas. En la antología del disparate político ha entrado con letras mayúsculas la afirmación «ahora es usted el que miente» que soltó Rubalcaba en el debate televisivo. Y es que hay momentos en los que en política también se hace necesario el «segundos fuera». Con 110 le puede adelantar cualquiera...