Diario de León
Carlos Frá
León

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Siempre me han llamado la atención las batallas internas de los partidos, aunque a uno que no es asiduo de las telenovelas ni de las revistas del corazón le falta agilidad mental para ir asimilando los árboles genealógicos que se generan cada vez que se habla de renovación.

Y es que en cuanto uno se despista por unas horas ya le resulta complicado recolocar las piezas del puzle. En ocasiones incluso parece que la culpa debe ser de la DGT y sus señales de las carreteras, porque al mismo que se le esperaba a la hora de comer en Astorga finalmente aparece en la merienda de Cistierna.

Se dan incluso casos singulares donde dos mellizos amamantados de los mismos pechos políticos en cuestión de días se atreven a presentarse como las dos opciones antagónicas e incluso irreconciliables para intentar asaltar un cargo político.

Y es que en el proceso interno que se vive en el PSOE da la sensación de que todo se resume a una lucha por los puestos. Parece que nadie ha querido leer el mensaje de las urnas —por cierto reiterado entre mayo y noviembre— y se instala una cierta huida hacia adelante en la que todo se limita a las luchas directas tanto a nivel nacional, como autonómico y local por el poder, un poder que al final lo que permite es decidir quiénes ocuparán las listas electorales en el futuro.

Desde el PSOE se criticó a Mariano Rajoy por haber pasado de puntillas por la campaña electoral y ahora en el debate interno del partido se está haciendo lo mismo. Poco ruido, el justo y nadie ofreciendo ideas ni nada concreto al ciudadano. Quizás por ello en los primeros sondeos del año curiosamente el PSOE sigue haciendo aguas y cede incluso más terreno. Un proceso interno de renovación debe servir para rearmar a un partido y en este caso parece que el resultado podría ser el contrario.

Aquí en León se podría repetir aquello que le ocurrió a un policía al que le ordenaron que dejase más plazas de aparcamiento reservado para un acto. Cuando preguntó el porqué le dijeron que tuviese en cuenta que venían los críticos y eso quería decir que habría muchos más coches oficiales...

Al final en eso de los críticos me quedó con lo que dijo aquel mataor de toros que sí lo tenía claro: «En España sólo hay dos tipos de críticos taurinos, los que me atacan y los que dicen las verdades».

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