TRIBUNA | valentín cabero diéguez (*)

El legado de Maya Frades

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(*) decano de la facultad de geografía e historia de la usal
León

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Este lunes, ya en la hora del crepúsculo, enterramos con gran tristeza en Villaescusa a nuestro querido amigo y discípulo Antonio Maya Frades, Profesor Titular de Geografía en la Universidad de León. En el altozano donde se ubican el cementerio y la venerada ermita de Nuestra Señora del Olmo, quedó truncada una vida a los 54 años, dejando rotos de dolor los corazones de su esposa Transi y de sus dos hijos, de su anciana madre, de sus dos hermanas y de toda la familia. Apenas hace dos meses enterramos en el mismo lugar a su padre y todos recordábamos las esperanzas depositadas por sus padres en Antonio, ahora segadas por el golpe de una enfermedad inmisericorde e inesperada. Estoy seguro que sus hijos y Transi recuperarán esa antorcha de esperanza y de lucha por lo mejor que Antonio llevaba dentro de su espíritu generoso y trabajador.

También nos dejó desolados a quienes hemos compartido con Antonio una larga trayectoria docente e investigadora, siempre para él llena de entusiasmo y esfuerzo. En estos años se había rodeado de buenos amigos en el entorno universitario y profesional, tratando de mirar más allá de las bardas disciplinares e impregnando a su quehacer de un gran sentido y compromiso social. Se hace más patente esta tarea en la Universidad de León, donde ejerció su docencia e investigación desde su incorporación como profesor Ayudante a mediados de los años ochenta, y en la Universidad de Salamanca en la que estudió, en una época de gran preocupación por una enseñanza y formación sólida e interdisciplinar, sin concesiones a los dictados y vaivenes coyunturales y burocráticos. En medio de estos dos centros de saber y de trabajo, nos queda, abrazada por la mirada de Antonio y el laboreo de generaciones anónimas de labradores, la provincia de Zamora, que sería su campo más querido de conocimiento e investigación. Sin olvidar otros ámbitos de trabajo en las tierras limítrofes leonesas o salmantinas e incluso de escala más universal, las tierras campesinas zamoranas constituirán el objetivo más preciado de explicación y análisis desde sus inquietudes profesionales, cargadas de respeto y de afectividad y por el trabajo vinculado a la tierra.

Sin duda, las tierras campesinas tienen en Antonio Maya Frades un auténtico defensor y valedor, máxime cuando los vientos del éxodo y de la modernización han destruido tantos recursos y tantos géneros de vida sostenibles e identidades comarcales o locales. A estos cambios se enfrentó con pasión nuestro geógrafo, acercándose en un primer momento a las raíces y la configuración agraria de la tierra de la Guareña, para profundizar después con una mirada más amplia en la tradición y mudanzas del paisaje rural zamorano, siguiendo el ejemplo que unas décadas antes, en plena autarquía, nos había enseñado el gran maestro de la Geografía Rural española, Ángel Cabo Alonso, en su estudio ya clásico sobre la Armuña. La metodología y habilidades adquiridas le permitieron ampliar su mirada y entrar en contacto con temas tan relevantes como la trashumancia, los bienes y espacios comunales, o la crisis de los modelos agrarios en las áreas periurbanas. Las cuestiones abordadas en numerosos artículos y participaciones en congresos son inseparables de un desasosiego personal de Antonio hacia los problemas demográficos y de una cierta prudencia hacia las políticas aplicadas en el medio rural.

Tanto su experiencia vital vinculada a la tierra, como su actividad docente e investigadora merecen el reconocimiento más respetuoso por parte de nuestras universidades y el recuerdo más entrañable de quienes tuvimos la suerte de tratarle como discípulo, compañero y amigo. Pienso ahora que desde los tesos de la Guareña su mirada y su saber nos acompañan y permanece entre nosotros.

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