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caballero
León

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La visita de esta semana del alcalde y la presidenta de la Diputación a la ministra de Fomento cuadró en martes de Carnaval, cuando hubiera sido mejor esperar un día para meterse en ambiente de Cuaresma. Polvo había y al polvo volverán las infraestructuras que han quedado a medias como esqueletos por todo León. Una penitencia que arrastrar durante años, mientras se agita el espantajo de la crisis y la austeridad como una cantinela bajo la que se esconde que, de nuevo, esta provincia queda fuera de las esferas de inversión prioritaria.

El pack Gutiérrez-Carrasco, que entra conjunto en todas las entrevistas institucionales como se le sumaban las hermanas solteronas a los curas en las bodas, volvió de Madrid como se vuelve de visitar a la tía viuda y sin hijos que todavía no ha hecho testamento. Con esa esperanza bobalicona con la que se disimula en casa cuando ha quedado claro que el dinero será para otro primo, pero en la que se insiste con el argumento de que todavía es pronto, que seguro que sí, que tiene buena voluntad, que algo cae fijo. Y luego, como mucho, aparece uno en el último párrafo para que le leguen una finca en medio del monte que no es buena ni para quemar rastrojo.

El encuentro se resolvió con la estructura de entremés de mesa camilla que gusta tanto en los gabinetes de prensa políticos. Fotos de trabajo y declaraciones enlatadas para no cuestionar las promesas sin plazos, como el AVE o la León-Valladolid, a los que se espera desde hace décadas para que los periódicos no perdamos titulares y para que, si algún indiano regresa por el verano, no se desubique. De lo demás, la integración de la alta velocidad, la ronda noroeste, la León-La Robla o la Ponferrada-Orense, mejor ni hablamos, que si se hacen muecas a un baile se pone mala la cosa para pensar en acabar en la cama. Ya habrá tiempo para el plan estratégico que marca como horizonte el 2024. Si entonces no queda nadie, es que no eran necesarias.

Pero mientras tanto sí que la lección está aprendida. Ese cuestionar las inversiones en marcha como el ramal de Feve al Hospital para amortiguar el golpe. Una forma de dejar proyectos como abandonaba un amigo mío a las novias a los 15 años, cuando las convencía de que necesitaba más tiempo para recuperar las 9 asignaturas suspensas de cada trimestre. Nunca pasó de 3º de ESO.

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