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León

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Hojeo el Farsa sentado en una terraza de la Costa del Sil y no termino de aclararme entre churro y churro sobre el resultado del encuentro. El partido resultó un fiasco, proclama el Farsa . El Sportbilly , en cambio, habla de un choque estupendo. Otros medios secundan mayoritariamente la teoría del Farsa. Pero alguna televisión juzga de otro lado que pese a haber salido airoso del enfrentamiento, MouRiano debería empezar a cambiar de táctica, porque fuera de su estadio y de la hinchada más fundamentalista el estilo que propone no agrada al público en general. Sus defensores, en cambio, recuerdan que MouRiano no engañaba a casi nadie salvo a quienes deseaban sentirse víctimas del engaño en la derrota, y que fue elegido mayoritaria y democráticamente para salvar al club después de siete años de perder todo y despilfarrar otro tanto. Y que lo que importa son los goles.

La contrahinchada, sin embargo, empieza a sentirse eufórica porque aunque no ha logrado que la mayoría deje de asistir al estadio ha sido capaz de arrastrar a la calle a muchos descontentos con la forma descarnada de juego que propone el equipo técnico para abandonar una situación que es absolutamente crítica. Hasta el punto de que el club podría desaparecer.

El Farsa y el Sportbilly, definitivamente, parecen haber presenciado dos partidos distintos. Lo mejor de este país es que todavía pueden salir libres a la calle o a la puñetera red. Y que cada uno tiene su público, incluso receptores críticos que son capaces de cuestionar sus crónicas tras haber asistido al partido en vivo.

Es como si analizáramos el 29-M y alguien tratara de convencernos de que los sindicatos paralizaron realmente la comarca con su huelga general cuando pasear por Ponferrada era como desfilar poco menos que por un jueves normal aunque bajo un ajetreo un tanto timorato. O como si algunos intentaran persuadirnos de que los diez mil, doce mil o veinte mil —me da igual— que marcharon por el centro de la ciudad no se manifestaban contra la crudeza de la reforma laboral sino por solidaridad familiar o amistosa con Vicente Mirón u Omar Rodríguez.

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Pero siento que la masa de los churros debe andar algo revenida o la brisa de la Costa del Sil me pinta mal, porque empiezo a estar algo confuso acerca de lo que escribo. ¡Ojalá MouRiano comience a cosechar resultados!