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Basura y juventud
El 27 de junio de 1976 este periódico titulaba en su primera página «Capital de la mugre» junto a una fotografía en la que se veía cómo había quedado el Palacio de Deportes, después del I Enrollamiento Internacional de Rock.
Los recuerdos de lo que vi entonces me asaltaron al mediodía del sábado, cuando atravesaba el campus de la Universidad. Al entrar desde La Palomera observé al fondo algo raro. Parecía una pared empapelada, como estaban el jueves las fachadas de los bancos. Pero al acercarme comprobé que no era una pared, sino el césped de la explanada inclinada que hay entre la Facultad de Económicas y la avenida de Silverio Fernández Tirador. Allí se había celebrado el viernes un macrobotellón y eso eran los restos.
Tras el Enrollamiento se sacaron del Palacio dos toneladas de basura y se necesitaron 48 horas para limpiarlo. No creo que sean menos los desperdicios que se acumularon en ese césped, que debe servir para esparcimiento de los estudiantes, pero no para embotarles el cerebro de alcohol, que es lo que ocurre en los botellones.
Considero que la Universidad está haciendo un flaco favor a nuestra juventud al permitirle emborracharse en el campus. Hemos llegado a un grado de permisividad tal que ahora no se sabe cómo dar marcha atrás. Y hacia adelante sólo habrá mayor degradación. Estoy de acuerdo con que se celebren fiestas universitarias en el campus pero con unas normas. ¿Es mucho pedir a nuestros educados jóvenes (se supone que si estudian en la universidad tienen un mínimo de educación y civismo) que después de beber recojan vasos, botellas y bolsas de plástico y los tiren a unos enormes contenedores que deberían colocarse alrededor del lugar de la fiesta? El lema “el que mancha, paga” ¿no va con ellos?
Creo que la solución es prohibir la celebración de actos que ensucien y degraden el recinto. Si quieren beber que se ocupen de limpiar, así se evitarían bastantes borracheras, porque alguien tiene que estar sobrio para limpiar. Y si no están dispuestos a dejarlo como estaba, que paguen una tasa para costear los servicios de limpieza especiales que estos actos acarrean, para que no tengamos que costearlo los ciudadanos, que nos oponemos a esta degradación del individuo y de la institución. ¡Vaya futuro que nos espera, con una juventud que sólo aspira a emborracharse y una universidad que se lo permite!