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caballero
León

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León se asomaba a los Presupuestos Generales del Estado como van los niños a los pies del árbol en la mañana del 6 de enero. Un qué te han traído que entretenía a los alcaldes y los concejales leoneses con la confianza de que el papel timbrado del Ministerio de Hacienda fuera la Biblia, donde más tarde o más temprano aparece una tinaja de agua que se convierte en vino o se multiplican los peces a pesar de que nadie quiera mojarse el culo. Una costumbre que durante siete años alumbró titulares a cinco columnas que luego se hicieron materia, como el Inteco y la Ciuden, o menguaron hasta un breve recurrente en el que se da cuenta de que sigue parada la León-Valladolid, de que no llega el AVE, de que a los fondos Miner no se les espera, de que la A-76 suena ya a casilla de hundir la flota...

Las campanillas del trineo han mutado en ruido de carracas. El anuncio de las tinieblas con el que esta semana el Gobierno de Mariano Rajoy ha certificado lo que todo el mundo sabía: que León es una cosa de paso que de vez en cuando sale en las conversaciones nacionales, de manera preferente para acordarse de Genarín o cuando hace mucho frío y se escapa la nieve.

El retorno a la inopia no lo ignoraban los políticos leoneses del PP. Los tramoyistas cínicos que durante la campaña, y aun después, insistían en que se iban a mantener los proyectos en marcha y, ahora, delante del espejo de las cuentas públicas, descubren que había crisis, que no se había licitado la vía del AVE, que la estación provisional se colocó en el medio de la ciudad para que nadie tuviera excusas para frenar la integración pero habrá que encontrarlas, que Feve era una deuda con esta tierra que se pagará a medias pese a los nuevos regidores populares, que el PSOE jugó de farol en muchos proyectos que no pasaron de ser meros estudios informativos para la galería...

Que ellos, que se limitaron a hacer de decorado durante dos mandatos, no lograrán sacar adelante ni siquiera lo que reclamaban como una obligación, lo mismo que no habían conseguido que se ejecutara en la época de Aznar. Apuestas como la que se lleva la ministra Ana Pastor debajo del brazo a Galicia con un talón de 1.000 millones de euros para la alta velocidad, mientras aquí los diputados del PP leonés sacan pecho como si hubiera que dar las gracias por la propina.

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Pues vale, de nada.