Diario de León
Fermín Bocos

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Por fin hay alguien en España que, habiendo cometido una pifia, asume su responsabilidad! No creo exagerar al decir que encontrar en el retablo de lo público a un ciudadano que ante un error, va y lo asume sin rodeos ni eufemismos, es toda una novedad. «Es mi culpa; mi padre no tiene nada que ver», ha dicho Felipe Juan Froilán de Marichalar en el hospital en el que le curan las heridas que él mismo se infligió en un pie al disparar una escopeta.

En este registro: un ejemplo para tantos que frente al pufo o la pifia escurren el bulto o le endosan el marrón a terceros. Y que bochorno si caemos en la cuenta de que quien acaba de dar un ejemplo de honradez es un crío de 13 años, al que la noticia ha colocado en los periódicos por haber protagonizado una imprudencia que le podría haber costado cara. Sé, por lo que leo, que ahora la polémica en torno a este asunto está centrada en los aspectos legales: hasta los 14 años no hay licencia para manejar este tipo de arma. Es lo lógico. La Guardia Civil ha instruido el correspondiente atestado y el caso está ya en manos de la Justicia, aunque a quienes están familiarizados con la caza y, sobre todo, quienes viven en el campo, el accidente, no les habrá sorprendido en demasía. Pero, más allá de la imprudencia que, como todas, son censurables, no es éste el aspecto que quería resaltar. Lo que me ha llamado la atención es la gallardía del chico. Ese «he sido yo, no culpen a otro», retrata una personalidad que aún estando en el agraz propio de su edad, promete.

Aunque Froilán avizora que «el abuelo se va a enfadar mucho», tengo para mí que, pasado el susto, al abuelo se le pasará pronto el enfado. Tiene un nieto que tiene coraje.

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