Diario de León

TRIBUNA

Sí o sí a la fusión de cooperativas

Publicado por
José Antonio Turrado Fernández Secretario general de ASAJA de León
León

Creado:

Actualizado:

Una de las noticias agrarias más importantes, por esperanzadora, que ha tenido lugar en el sector agropecuario provincial, ha sido la del proyecto de fusión de las cuatro cooperativas vitivinícolas del Bierzo. Si alguna objeción podría hacerse al anuncio era el preguntarse cómo se ha tardado tanto en llegar a la conclusión de que había que hacer algo para mejorar unas estructuras de comercialización a las que, sin negar los méritos de épocas pasadas, le estaban superando los acontecimientos y se estaban quedando en la cuneta de la competitividad. No es mi intención hurgar en ninguna herida, al contrario, pero no se entendería todo esto si no dejamos claro el punto de partida. Y es que partimos de unas cooperativas que ocupan el mismo territorio, que se dedican a lo mismo, que tienen socios de perfil similar, que no hay gran diferencia en la calidad de la uva que procesan ni en la calidad de los caldos que venden, que compiten por los mismos clientes y mercados, que no difieren mucho en los precios que pagan a los viticultores, por lo general muy bajos, ni en los precios a los que sale el vino de sus almacenes. Todas estas cooperativas tienen un problema muy serio de comercialización, prueba de ello es que una parte muy importante de lo que elaboran se vende todavía a granel, problema acrecentado con la actual OCM al suprimirse la destilación en alcohol. Sostienen estas estructuras cooperativas más de tres mil socios, según ellos mismos declaran, con explotaciones tan minifundistas que no superan la media de una hectárea por cultivador. Las bodegas de estas cooperativas están sobredimensionadas a la vez que anticuadas, tienen problemas de gestión y gobernanza, plantillas abultadas, malas redes de distribución y comercialización, descapitalización y una estrategia que nunca ha apostado por la calidad como principal meta.

Así las cosas, me da a mí que se inició un proceso de acercamiento forzado desde fuera y del que nunca han estado convencidos los de dentro, los de dentro que mandan o tienen capacidad de influir. Y es por eso que todas parecen pegas e inconvenientes para no hacer nada, para seguir «trampaleando» como llevan haciendo desde hace mucho tiempo, sin que nadie ponga un poco de cordura y visión de futuro. No esperemos que den el paso adelante los socios, es decir, «los accionistas», esa amplia base social de tres mil viticultores de los que escasamente el quince por ciento asisten a las asambleas y que suelen pasar de los sesenta y cinco años de edad. No esperemos que esto lo resuelvan las administraciones públicas, pues problemas similares tienen ellos en las estructuras públicas que ni con lo que está cayendo son capaces de resolver. Sería la primera vez que una fusión empresarial la resuelven los funcionarios. No esperemos más a que sea el mercado quién ponga a cada uno en su sitio, porque estas estructuras, mayoritariamente en manos de viticultores a tiempo parcial y mediopensionistas, pueden seguir así todavía más de una década hasta que se echen el cerrojo. Si tenemos que esperar algo, esperar de alguien que resuelva esto, tendrá que ser de la mano de los pocos jóvenes que todavía quedan en estas cooperativas, jóvenes con arrojo y amplitud de miras, que crean en la eficaz gestión empresarial como solución a los problemas, que estén dispuestos a tomar las riendas de los órganos de gobierno, que le duela lo que está pasando con las depauperadas rentas de los viticultores y que se crean que, haciendo las cosas de otra manera, se puede estar en el mercado compitiendo con los mejores.

No me creo que los consejos rectores de estas cuatro cooperativas, si es verdad que en ellos están los viticultores de la comarca que se juegan su dinero y el de sus familias cuando se vende la uva, no sean capaces de ponerse de acuerdo para llegar a una fusión. Una fusión que debe de ser de las de verdad, es decir, una única sociedad que gestione y tome decisiones. Una única sociedad que marque directrices a los viticultores en la línea de la calidad y las variedades más aceptadas por el mercado, que invierta si es necesario y cierre centros de trabajo sin no son viables, que imponga racionalidad en las plantillas, que modernice las estructuras de comercialización, que no se meta en cuestiones que nada tienen que ver con la comercialización de la uva y el vino, que se marque como objetivo pagar de forma razonable en tiempo y cantidad la uva, que frene el abandono de los viñedos, que ilusione a los jóvenes para ser viticultores, que se abran nuevos mercados y, en definitiva, que como lo fueron en su día, vuelvan a ser relevantes o imprescindibles para la buena marcha del sector vitivinícola del Bierzo.

Cada uno tiene sus responsabilidades y tiene que ejercerlas. Quienes no formamos parte de los órganos de gobierno de las cooperativas poco podemos hacer, salvo ofrecernos para colaborar en lo que nos pidan. Pero dicho esto, no estamos ante unas empresas cualesquiera de un dueño que puede hacer de su capa un sayo. Estamos ante unas estructuras de marcado carácter social, algo que casi está a medio camino entre lo público y lo privado. De lo que hagan o no depende toda una comarca o más que una comarca, y por eso están sujetas a la crítica y la alabanza de la opinión pública y de las fuerzas sociales y políticas que la representan. Lo malo no es quien opina con intención de ayudar, con sentimiento de desear que mejoren las cosas. Lo malo es que hay mucha gente a la que ya le da igual lo que pase con esto.

tracking