La voz de los internautas
u Inmaculada Oliveira escribe con el título «Los niños no son negocio» sobre las escuelas infantiles : «Soy una madre de Trobajo del Camino. Mi hijo va a la Escuela Infantil Hermana Carmen Gómez, esa de la que no se deja de oír noticias cada poco. Una escuela infantil, que no una guardería, donde tod@s l@s niñ@s van encantad@s, donde el personal se desvive por ell@s, desde la secretaria hasta el cocinero pasando por el personal de limpieza y desde luego las educadoras. El Ayuntamiento siempre estuvo orgulloso de esta escuela por lo preparada que estaba y por los profesionales que allí trabajan, o al menos eso es lo que nos hacían entender. Este año, al comenzar el curso, la concejala Aurora Baza nos comentó lo contenta que estaba con el equipo educativo, y que ella misma estuvo en sus exámenes de oposición. Pero desde hace unas semanas la escuela ha pasado de ser un orgullo a ser una espina clavada, un lastre y lo peor es que lo tildan de negocio con muchas pérdidas, para ser exactos el Ayuntamiento ha tasado la pérdida de cada niño en 7.102 euros, que divididos en 11 meses son a 645,6 euros al mes. Y yo me pregunto de donde vienen esos gastos porque los niños no comen caviar, comen verduras, pasta, pollo, arroz, legumbres... Los pañales, toallitas o libros los compramos nosotros, los padres, y el material se paga con las ayudas que da Everets. Evidentemente el Ayuntamiento pone su parte, pero ¿tanto? ¿Donde están las facturas, señor Goyo? ¿Qué cobran mucho los empleados? ¿Por qué su partido no se quejó en su momento? Ya esta bien de querer hacer negocio a costa de los servicios de Bienestar Social. Algunos no tenemos sus ¡escandalosos sueldos! y no nos podemos permitir pagar una guardería privada que, por otro lado, hay muchas por la zona... Ojalá si se privatiza el servicio no vaya nadie... Así aprenderán».
u Máximo Cayón Diéguez recuerda a Alejandro López Caride : «El 11 de abril fallecía en nuestra ciudad Alejandro López Caride. Quienes lo conocimos sabemos que su horizonte temporal estaba conformado por su entrega sin reserva alguna a su esposa y a sus hijos y por su declarado amor al prójimo. Y es que en estos tiempos actuales, donde con tanta frecuencia se sustituyen las luces de los valores eternos por las sombras que proyectan determinadas equivalencias, conviene subrayar ambas premisas porque son, sencillamente, ejemplo de vida y faro de conducta. Bien sé que fue presidente del Consejo Diocesano de la Adoración Nocturna en dos etapas distintas, (1969-1983 y 1987-1996), abad de la Real Cofradía de Minerva y Vera Cruz en el bienio 1976-1977, y que estaba en posesión de la Cruz Extraordinaria Pro Eclesia Et Pontífice, concedida por Juan Pablo II en 1984. Pero, hoy, cuando evoco su recuerdo, me importa más traerle a la memoria como presidente de la Asociación Leonesa de Caridad, institución fundada el 9 de octubre de 1906, y en cuya impagable labor de asistencia social mucho ha tenido que ver, en los últimos años, la actividad desplegada por Alejandro López Caride, primero, desde 1987, como vocal y tesorero administrador, y, luego, desde 1992, como presidente. Hablo, pues, de un período de 25 años entregados con entusiasmo y fidelidad a esta centenaria institución leonesa, que bajo su presidencia alcanzó acaso las más altas cotas de reconocimiento oficial y popular. Vivo ejemplo de laboriosidad, incluso cuando la enfermedad le acosaba, en el ejercicio de sus responsabilidades, este hombre bueno y generoso unía a su probado espíritu de sacrificio una capacidad de trabajo digna de admiración. Ante las dificultades y contingencias que se le presentaban, su ánimo desconocía términos tales como desmayo, rendición o cansancio. En resumidas cuentas, quiero decir que el dinamismo de su gestión y su fuerza de voluntad resultaron determinantes en momentos muy puntuales. Él no pedía para sí, pedía para los demás. A los que gozábamos de su afecto y amistad, su muerte nos ha sumido en una profunda tristeza. Alejandro López Caride hizo del amor al prójimo un estilo de vida. Por méritos propios ocupa ya un lugar en el censo de los hombres más representativos de la nómina legionense. Manifiestamente, era, como decía Azorín de sí mismo, un hombre de acción. Y un católico convicto y confeso. Descanse en paz».
u Carmen Martín González critica los precios de la hostelería en León : «Estos días he tenido la oportunidad de viajar a zonas tan dispares como Baleares y Galicia. En Mallorca, en cafeterías en zonas normales, el precio de una caña era de un euro y con tapa. En Pontevedra una cafetería céntrica de gran diseño, por un café con leche 1,10 euros ,con zumito de naranja, churro y un trozo de bizcocho, y todo servido con gran amabilidad. No sigo para no aburrirles, pero sí quiero que los hosteleros de León se pongan las pilas. En Madrid está pasando otro tanto de lo mismo y ya encuentras muchas cafeterías que te cobran un euro por cerveza y con tapa».
u Conchita Martínez critica las pintadas en Ponferrada con el título «Educación en toda la plaza menos en el Centro Educativo»: «¡Qué bonita la plaza del Ayuntamiento! ¡Qué limpia! ¡Qué tranquila! ¡Fue un placer estar allí! Pero... Prohibido mirar al ¿Instituto?. Por fuera está lleno de cobardes garabatos, torpes rayados, colores escupidos: negros, grises, manchones grasientos, mala leche... Y, si miras a través de los cristales, verás: escaleras abandonadas, carteles arrugados, telares, muchos telares en los pasillos, plantas... En el lugar donde se enseña educación, es donde menos educación se ve... Me niego a pensar que la comunidad educativa sea así, pero es lo que se ve».