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JULIA NAVARRO
León

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Dice el refrán que el que avisa no es traidor, de manera que ya no podremos llevarnos a engaños: Mariano Rajoy ha dicho alto y claro que cada viernes continuarán las reformas. El problema no es que nuestro país no necesite reformas, que las necesita y urgentes, sino qué tipo de reformas, y ahí es donde está el quid de la cuestión.

Reformar las administraciones públicas para que gasten menos y sean más eficientes es una necesidad. Replantear la permanencia de nuestras tropas en Afganistán no estaría de más. Que los políticos se apreten el cinturón en vez de seguir apretándonos el cinturón a los contribuyentes sería todo un ejemplo. Que las famosas sicav dejen de pagar impuestos al 1 por ciento sería de justicia. Etc, etc, etc.

La gestión de los servicios públicos también tiene que mejorar, y nadie pone en cuestión que esa gestión pasa por no despilfarrar. ¡Ah! y no seré yo quién cuestione que efectivamente las cuentas de la etapa de Zapatero no cuadran por ninguna parte, y que el expresidente y su Gobierno ocultaron el déficit que ahora nos pasa factura.

Se quejan los populares de que el Gobierno de Rajoy no lo tiene nada fácil y que no se les puede pedir milagros cuando apenas llevan unos meses gobernando. Lo cierto es que el malestar social que va en aumento, independientemente del éxito de las manifestaciones, tiene que ver con algunas de las reformas anunciadas que van a provocar si no un cambio total sí un adelgazamiento excesivo del estado del bienestar y por ahí es por donde la ciudadanía no está dispuesta a pasar. A la hora de ahorrar hay muchas partidas presupuestarias por donde empezar antes de meter la tijera a la sanidad y a la educación públicas.

Los mercados no parecen haberse tranquilizado por la presencia de Rajoy. La Bolsa sufre turbulencias un día sí y otro también y la prima de riesgo está disparada. De manera que las cosas están más o menos como estaban o quizá peor. Y así las cosas, nuestro presidente nos anuncia que si era poco una taza nos dará taza y media, que piensa seguir por la misma senda, que cada viernes nos dará un sobresalto y que no va a moverse un ápice de sus posiciones. Creo que el presidente tiene la obligación de explicarse tanto en el Parlamento como ante la opinión pública y cuanto antes mejor.

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No se puede gobernar sin escuchar el eco de la calle, y a Mariano Rajoy le puede pasar lo que a José María Aznar, que imbuido en su creencia de que tenía la razón y solo la razón y toda la razón, se negó a escuchar el palpitar de la sociedad.