EL RINCÓN
Sin explicaciones
El llamado caso Dívar ha abierto una crisis en el Poder Judicial sin precedentes, pero con muchas consecuencias. El Consejo se ha partido si no por gala en dos, sí por Dívar en dos: cinco vocales pidieron la dimisión del egregio comensal, pero otros siete lo que pidieron es que dimitiera su denunciante, José Manuel Gómez Benítez, al que no le parecía del todo bien que el señor presidente hiciera veinte viajes a Puerto Banús durante sus fines de semana, que por cierto duraban al menos cuatro días.
Ya anticipé, por pura intuición, que también puede ser una manera de conocimiento, que el que se iba a buscar un lío era el que quiso atajar el despilfarro.
¿A quién se le ocurre meter a alguien en vereda cuando no quedan otros caminos? El lema del presidente del Poder Judicial sigue siendo el mismo: «come y calla». Hay que confesar que si bien no ha sabido guardar las formas sabe guardar silencio. «Ni voy a dimitir, ni voy a dar explicaciones», ha dicho.
Lo que no sabemos es si daba también propinas con el dinero supuestamente dedicado a atenciones protocolarias, pero a algunos lo que nos molesta no es que se inflara de comer y de viajar, sino el orgullo, fronterizo de la chulería, de negarse a dar explicaciones a una colectividad que se ha sentido ofendida. No hace mucho, el Rey, en un gesto que le honra, pidió perdón por matar elefantes en África. ¿Por qué no lo pide este señor por comerse todas las cigalas de Málaga? Se conoce que para hablar necesita decir algo que mejore el silencio y todavía no lo ha encontrado.
Hay que tener en cuenta al tribunal del pueblo y aunque nuestra democracia sea perfectible, es una democracia y la gente dicta sentencia en todas las querellas.
Con la mancha que le ha caído en el ropón no hay tintorería que lo deje como nuevo. No se trata de la cantidad que haya podido gastarse, que eso es lo de menos ahora que el grupo Bankia le pide al Estado otros miles millones de euros. Hablamos de conductas.