Diario de León
Cristina Fanjul
León

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Son sólo cincuenta céntimos, pero es que llueve sobre mojado. Aún no han dado la lista de VIPS —aquí la ley de protección de datos nos sirve para todo— pero tienen que atornillar un poco más a todos los que no atesoran privilegios de horteras, como aparcar donde les da la gana y ¡qué pasa! que aquí estoy yo para servir al ciudadano y tengo que tener prebendas por ello. Cincuenta céntimos, con lo que las multas pasan de nueve a nueve euros y medio, lo que viene a ser casi un diez por ciento (así, exagerando, como hacen ellos), que total, por cincuenta céntimos más, ¿qué es eso?, menos de la mitad de un café, que diría el ex ministro Sebastián. Pero, a lo que vamos, que la lista sigue sin aparecer, aunque lo bueno es que aquí no se puede guardar un secreto y del sotto voce se pasa al secreto a voces. Son sólo cincuenta céntimos, pero es que la mayoría se ve obligada a aparcar(se) en la calle, que ya no hay dinero para guarecerse en otro lugar, a no ser que seas de los que pueden grabar su nombre en esa lista, esa lista protegida por el cemento armado y una sociedad anestesiada.

Esto de la lista es como esa otra, la de los que se han presentado voluntarios a salir de Ordoño II, que parece que están encantados, como en la película de George Clooney, Up in the air . Si es que quedarse en la calle es toda una oportunidad, de crecer profesionalmente, de montártelo por tu cuenta, que seguro que hay un sueño que siempre quisiste realizar y ahora puedes cumplir. Por eso resulta tan raro que quitaran de esta relación de privilegiados el nombre de una empleada que, dicen, está ligada civilmente a un letrado del Procurador del Común. Y es que todo es un problema de listas, de saber en cuáles estás y, sobre todo, de conocer a los que las elaboran. Hay más, seguro, pero el hit parade de la ciudad está en esos cientos de nombres que ven, como la mayoría, que se quedarán moros, sin padrino al que acudir cuando todo está ya casi perdido, en una sociedad que está a punto de perder la inocencia mientras las listas del paro siguen creciendo al ritmo frenético de las subidas de impuestos, las indemnizaciones millonarias, los desfalcos bancarios y nos convertimos en esclavos de la desfachatez. Cincuenta céntimos más, sólo... Pero es que, verán, fuera de Camelot, los salarios no se actualizan ni con el IPC y la lista de agraviados es cada vez mayor.

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