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CAMPO VIDAL
León

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Lo que está pasando es muy grave pero, según cómo se cuente, sus efectos pueden amplificarse o amortiguarse. ¿Rescate? Depende de como se interprete. El Gobierno lleva semanas construyendo un nuevo relato del concepto «intervención» o «rescate». Lo primero es mostrar tranquilidad en el discurso, a saber, «la reunión urgente de la Eurozona para tratar sobre España, se celebra sin que Madrid lo haya pedido». O con gestos: el miércoles la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría participaba en un mano a mano con el periodista Enric Juliana para presentar su libro Modesta España. «Mensaje eficaz de tranquilidad», comentaban Eugenio Galdón y Guillermo de la Dehesa. La prima de riesgo disparada, la bolsa histérica y Soraya sonriente manteniendo agenda con optimismo contenido.

«El problema han sido las declaraciones de los últimos seis meses que han agravado la situación», sostiene el profesor Fernández Villaverde, catedrático de Economía en Pennsilvania.»Antes, tu decías una cosa en Onda Cero y ahí quedaba. Ahora, a los cinco minutos, es portada en el Financial Times», explica. Va por Luis de Guindos y por Montoro, incontinentes portavoces, a diferencia de Rajoy y Soraya. Wert, de Educación, pertenece a ese club y « hasta se permite dar clase sobre como va la Universidad española a los sesenta rectores reunidos», lamenta uno de ellos. Es lo que hay.

Rajoy ha jugado a ganar tiempo, que en eso es maestro. Ideal, si el enfermo no se asfixia. Lo de España no tendrá nada que ver con el resto de «Pigs», Portugal, Irlanda, Grecia, insisten. Aquí no se rescata al Estado, sino a los bancos, y ni siquiera a todos, porque De Guindos ya admite ahora que Santander, BBVA y Caixabank no figuren en la lista de auxiliados si no lo necesitan. Pero, sobre todo, Rajoy trata de reducir las exigencias complementarias al rescate que para Europa son recorte de las pensiones, menos sueldo a los funcionarios y más IVA.

Habría que ver si el problema es que los funcionarios cobren menos o sencillamente que no haya tantos evitando duplicidades entre administraciones y, como algunos admiten, aburrimiento en el trabajo porque, en algunas áreas, apenas hay algo que hacer. Se contrató a amigos y correligionarios en la bonanza hinchando los servicios municipales y autonómicos cuando otros departamentos pasan apuros para afrontar el ingente trabajo. Pero nadie hasta el momento se atreve a reformar las Administraciones públicas. Se han limitado a ensañarse con interinos y contratados.

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Vienen tiempos más difíciles todavía, de los que saldremos, sin duda, aunque más pobres. Comienza el burbujeo de pedir un Monti para España, un gobierno de técnicos. Mal asunto. Dejemos que el que se acaba de elegir hace medio año y con mayoría absoluta, ejerza. Si acaso que corrija algunos nombramientos fallidos y que apueste por el consenso de verdad, lo que no ha hecho en RTVE, ni en el Banco de España donde ha descalificado a Soledad Núñez, como posible subgobernadora, porque cometió el delito de colaborar con el Gobierno Zapatero. Si se alimenta el caudal de los que piden un gobierno de técnicos al margen de las urnas— Berlusconi y Papandreu cayeron sin elecciones— se estará dando opciones a los populistas. Ya fracasó el PSOE en la gestión de la crisis y, si ahora fracasa el PP, ahí están esperando personajes como Mario Conde, Alvarez Cascos, Gil si resucitara y otros de este estilo, para erigirse en salvadores de España. Mejor será que gobiernen los que han ganado pero que lo hagan bien, sin bocazas y sin rodillo. El sabio José Luis Sampedro lo define así: « El secreto es la dignidad, la sensatez y la humildad». De todo eso falta.