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Isabel Cantón Mayo. Catedrática de la Universidad de León
León

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La investigación en España ha sido tradicionalmente una realidad marginal en su contexto y en su dimensión social; bellas palabras para utópicos y lunáticos en el campo educativo y en general en otros ámbitos sociales. La lapidaria expresión unamuniana ¡Que inventen ellos!, compartida de forma implícita por el cuerpo social en general, y completada con la otra que afirma: «que no tenemos un espíritu científico ¿y qué importa si tenemos algún otro?» vienen a corroborar nuestro escaso aprecio a la valía, a la investigación y a la meritocracia. Aunque se duda de la autoría de ambas, que no es el caso esclarecer aquí, sí son representativas de una forma de pensar y sentir demasiado extendidas entre nuestros gobernantes, que, por otra parte, expresan el sentir hacia la ciencia y la investigación de una gran mayoría de personas.

Máire Geoghegan-Quinn, comisaria de Investigación, Innovación y Ciencia de la Comisión Europea, sintetiza la situación investigadora española en su intervención en la Conferencia Euromediterranea de Investigación e innovación, celebrada en abril en Barcelona, con estas palabras: España, mal; Cataluña, bien (los proyectos financiados en España por el Consejo Europeo de Investigación son todos para Catalunya) y Europa como salvavidas para ayudar a científicos españoles en apuros en tiempos de recortes (vamos que nos rescatarán como a los bancos). También señala que aquellos países que no apuesten por la investigación y la innovación pueden encontrarse con que sus científicos mejor preparados se vayan a otros lugares. Anima a los científicos a participar en Julio en el Séptimo Programa Marco Europeo que pueda compensar las carencias económicas investigadoras españolas. Además los países que no investigan tendrán que pagar por tiempo indefinido patentes y conocimiento. Señala el caso de Irlanda (un país también con problemas), pero que no ha reducido los presupuestos de investigación y diversos sectores se están desarrollando y creando nuevos productos y nuevos puestos de trabajo.

Carmen Vela, secretaria de Estado de Investigación, Desarrollo e Innovación, ha pronunciado otra lapidaria frase para terminar de arrollar nuestra débil investigación: «El I+D español no es tan grande como para tener tantos investigadores». Esta afirmación intenta justificar el recorte del 25% en los presupuestos del Estado para investigación. Hay que señalar que España invierte en investigación menos de un 1,2% de su PIB en I+D, situándose por debajo de la media europea (en el puesto 19 de 28 países), en el mismo nivel que Croacia, Italia, República Checa, Portugal, Hungría, Polonia, Malta o Eslovaquia, cuando nuestra renta per cápita es muy superior a la de esos países. España tiene unos 750 investigadores por millón de habitantes; Alemania 2000; Francia 1.800; Finlandia 4200 por millón. ¿Le suena a nuestra dirigente lo del reiterado milagro finlandés en los sucesivos informes Pisa? Podemos ir en la dirección de estos países o en la dirección de los citados antes; es cuestión de prioridades.

Además señala Pilar Vela que el sistema de I+D español «podrá sacar provecho de la crisis y salir de ella más fuerte que nunca». Vemos que caminamos a un modelo darwiniano de investigación: la supervivencia del más fuerte, eliminando a los débiles y poco resistentes. «El avance científico es considerado útil por todos, hasta por los políticos cavernarios», dice María Alemany en su libro: Investigar en España es llorar . Sebastián Cerdán García-Esteller, Investigador Científico del CSIC y Director del Instituto de Investigaciones Biomédicas afirma: «La vida del investigador en España se parece a la de un estilita en su columna en medio del desierto», corroborando la soledad y la falta de reconocimiento a la investigación. ¿Sabe la Secretaria de Estado cuántos investigadores débiles de hoy serán fuertes mañana, si no se les ahoga antes? ¿Sabe que los investigadores de centros y lugares pequeños producen en conjunto más que los grandes? ¿Y no sobrarán políticos, bien pagados, bien viajados y bien autónomicos? ¿Y bancos? ¿No ha considerado la posibilidad de suprimirlos, comenzando por el Banco de España?

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